El Perello, Tarragona

El Perello. Pueblos de Tarragona

📝 Contenido:
  1. El Perelló: la capital catalana de la miel que nació con un horno real
  2. Geografía: del nivel del mar a los 761 metros de la sierra del Boix
  3. Un horno real, un pueblo amurallado y dos segregaciones
  4. Patrimonio: de los pozos romanos a la ermita de San Cristóbal
  5. Economía: la miel, el aceite y el viento
  6. Firabril y las fiestas de San Antonio Abad
  7. Cuándo ir a El Perelló
  8. Planifica tu visita a El Perelló
  9. Otros Pueblos de Tarragona

El Perelló: la capital catalana de la miel que nació con un horno real

Entre el Golfo de Sant Jordi y la sierra del Boix, en el Bajo Ebro tarraconense, El Perelló es un municipio de 3.005 habitantes (INE 2025) que se conoce en toda Cataluña por un dato muy concreto: es su mayor productor de miel. Pero antes de eso fue, durante siglos, la Font del Perelló, una población nacida en 1294 por encargo de un rey que quería, sobre todo, construir un horno. Entre pinturas rupestres declaradas Patrimonio de la Humanidad y dos segregaciones municipales que le arrancaron la costa, El Perelló guarda una de las historias más movidas de la comarca.

Geografía: del nivel del mar a los 761 metros de la sierra del Boix

El término municipal se extiende sobre 100,7 km², a 65 km de Tarragona capital, y el núcleo urbano se alza a 142 metros sobre el nivel del mar. El relieve, sin embargo, va mucho más allá: en el límite con Tivenys, el corazón de la sierra del Boix alcanza los 761 m, mientras que al norte se levanta la sierra de la Barra (362 m) y la costa mediterránea, en el golfo de Sant Jordi, queda al nivel del mar. Ese desnivel tan marcado genera numerosas rieras y barrancos por todo el término. El Perelló limita con Tivisa al norte, La Ametlla de Mar al noreste y este, el mar Mediterráneo al sureste, La Ampolla al sur, Tortosa al suroeste, Tivenys al oeste y Rasquera al noroeste, y queda atravesado por la autopista AP-7 y la carretera N-340.

Un horno real, un pueblo amurallado y dos segregaciones

El testimonio más antiguo del territorio no es escrito sino pintado: el Abrigo de Cabra Feixet conserva pinturas rupestres del Arte Levantino, obra de los últimos grupos cazadores-recolectores del epipaleolítico, hace unos 10.000 años —arqueros, cabras y ciervos en color rojo—, descubiertas en 1922 por el investigador Joan Margalef y estudiadas por Pere Bosch Gimpera y Josep M. Colominas. Desde 1998 forman parte, junto a otros abrigos de la zona, del Arte rupestre del arco mediterráneo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En la cueva de la Mallada, excavada en 1957, se halló además un yacimiento con cerca de 1.800 piezas de sílex y puntas de flecha, habitado hace unos 35.000 años. De época romana quedan tramos de la Vía Augusta y varios pozos, y se discute si el lugar correspondía a la antigua estación de Tria Capita.

El pueblo tal y como se conoce hoy nace a finales del siglo XIII: tras la reconquista de las tierras del Taifa de Tortosa por el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, el rey Jaime II de Aragón encargó en 1294 al alcalde de Tortosa poblar el lugar conocido como la Font del Perelló. El 18 de noviembre de ese año nombró a Ramón de Bañeras alcalde vitalicio, con licencia exclusiva para construir y explotar un horno, y el 16 de diciembre otorgó franquicias a un grupo de 84 pobladores para que se asentaran allí bajo las Costumbres de Tortosa. Pocos años después, en 1308, la reina Blanca de Nápoles, esposa de Jaime II, fundó un hospital para viajeros en la nueva población.

Los siglos siguientes no fueron tranquilos. Entre los siglos XIV y XVI se sucedieron litigios por límites y derechos de pastos con Tortosa y Tivisa, y los piratas berberiscos atacaron la zona con tal insistencia que las murallas del pueblo tuvieron que renovarse en 1585. Durante la revuelta de los Segadores, en 1640, el ejército real al mando del marqués de los Vélez asedió y tomó el pueblo amurallado tras resistencia vecinal: lo saqueó, lo incendió y colgó a varios supervivientes en el conocido desde entonces como Coll de les Forques, el «collado de las horcas». En el siglo XIX fueron los carlistas quienes quemaron la documentación municipal, aunque respetaron la de la parroquia, y durante la Guerra Civil el pueblo quedó prácticamente destruido por los bombardeos.

El término municipal, además, es hoy mucho más pequeño que el histórico: el 24 de diciembre de 1891 se segregó La Ametlla de Mar, y en 1989 hizo lo mismo La Ampolla. Son estas dos segregaciones, y no ningún episodio de despoblación, las que explican por qué la serie de habitantes cae con tanta fuerza entre finales del siglo XIX y 1991: el máximo de la serie, 5.018 habitantes en 1887, corresponde a un término mucho más extenso que el actual.

Patrimonio: de los pozos romanos a la ermita de San Cristóbal

Además de las pinturas rupestres de Cabra-Feixet y la cueva de la Mallada, el término conserva tramos de la Vía Augusta y varios pozos romanos conocidos como la Cuitora, la Panavera, el Ponou y el Abeurador. El propio Coll de les Forques quedó señalado con un monumento conmemorativo. La iglesia parroquial de la Asunción de la Virgen, documentada ya en 1635 aunque reconstruida más tarde en estilo neoclásico y restaurada por completo en el siglo XX, tiene nave única, planta de cruz latina y tres altares laterales. Completan el patrimonio la ermita de San Cristóbal, un molino de viento, la Torre de los Moros —antiguo telégrafo óptico— y la Fuente de Tita, hoy punto de paso de rutas en bicicleta de montaña. A 8 km del pueblo, la Balsa de en Ferrà es uno de los parajes naturales de referencia del municipio.

Economía: la miel, el aceite y el viento

El Perelló es, según la propia tradición catalana, la capital catalana de la miel, con una apicultura tan arraigada que sostiene la Cooperativa Apícola Tarraconense, con sede en el pueblo. La agricultura, dominada por el olivo y el almendro, se completa con la actividad de la Cooperativa Agrícola de Sant Isidre, fundada en 1957, que elabora aceites de oliva puro y virgen y una variada gama de vinos. Tras la segregación de La Ampolla, el municipio perdió buena parte de su sector turístico costero, lo que reavivó el interés por la agricultura y la ganadería: en esta última predominan las aves de corral y los conejos, con el ovino y el porcino en un papel secundario. La actividad industrial se reparte entre pequeños talleres mecánicos, constructoras e industrias de materiales de construcción, y el municipio destaca también por su producción de energía eólica, con un parque eólico que admite visitas concertadas para grupos.

Firabril y las fiestas de San Antonio Abad

La fiesta mayor de El Perelló se celebra el 17 de enero, en honor a San Antonio Abad, mientras que las fiestas mayores de verano, en agosto, tienen un carácter más modesto. El gran escaparate comercial del pueblo es Firabril, una feria multisectorial de larga tradición —documentada ya en el siglo XVII— que se celebra a mediados de abril, en fin de semana variable, y que gira sobre todo en torno a la producción y promoción de la miel y el aceite, además de los servicios y la agricultura locales.

Cuándo ir a El Perelló

Quien quiera ver el pueblo en su salsa comercial y gastronómica debería apuntar mediados de abril, con Firabril en pleno funcionamiento y la miel y el aceite como protagonistas. La fiesta mayor de San Antonio Abad, el 17 de enero, ofrece una estampa más invernal y tradicional. Para disfrutar de las playas del municipio —Santa Lucía, Morro de Gos, Cala Bona, Cala Moros o Pont del Àlia— el verano es, como en toda la costa del Baix Ebre, la temporada natural, aunque conviene recordar que la mayor parte del litoral que hizo famoso a este tramo de costa pasó, tras 1989, a formar parte del término de La Ampolla.

Planifica tu visita a El Perelló

El Perelló se encuentra a 65 km de Tarragona, bien comunicado por la autopista AP-7 y la N-340, y a poca distancia de Tortosa, La Ametlla de Mar y La Ampolla. La visita puede organizarse en torno a la iglesia de la Asunción y el casco antiguo, con una escapada al Coll de les Forques y la Torre de los Moros para quien se interese por la historia local, y otra hacia el Abrigo de Cabra Feixet para los interesados en el arte rupestre Patrimonio de la Humanidad. Los aficionados a la bicicleta de montaña encontrarán en la Fuente de Tita y los caminos de la sierra del Boix un buen punto de partida, y los amantes de la gastronomía no deberían irse sin probar la miel y el aceite que dan fama a este rincón del Bajo Ebro. El gentilicio de sus vecinos es perellonenc.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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