Favara es un municipio de la provincia de Valencia situado en la comarca de la Ribera Baja, a unos 50 kilómetros de la capital. El padrón de 2025 le atribuye 2.776 habitantes sobre un término de 9 km², con el núcleo urbano a tan solo 12 metros de altitud, en plena llanura litoral del delta del Júcar.
Geografía
El relieve del municipio es variado: una zona montañosa al oeste, perteneciente a la sierra de Corbera, contrasta con una franja llana al norte, cubierta de marjales y propia de la llanura del delta del Júcar. Las mayores alturas se encuentran en el pico de La Ratlla, con 625 metros, y en Els Germanells, con 589, ambos vértices geodésicos de tercer orden, mientras que el término desciende hasta apenas 5 metros en el límite con Cullera. Varios barrancos —Els Germanells, del Infierno, de Borja, del Fondo y de la Sima— drenan el territorio, cuya superficie no cultivada está ocupada por pinares y monte bajo. El municipio limita con Cullera, Tavernes de la Valldigna, Alcira y Llaurí, y queda atravesado por la autopista AP-7, la autovía A-38 y la carretera nacional N-332.
Historia
El filólogo Joan Coromines relacionó el topónimo Favara con el árabe fawwara, que puede traducirse como «la fuente», en referencia a las numerosas surgencias de agua subterránea situadas en la zona pantanosa del noreste del término, aunque otros autores prefieren vincularlo al nombre de las tribus berberiscas hawwara que ocuparon estas tierras en el siglo VIII. En cualquier caso, la población actual es posterior a la conquista del Reino de Valencia por Jaime I, y no aparece documentada hasta después del Llibre del Repartiment, por lo que no se conservan referencias a asentamientos anteriores de la Edad del Bronce o de época romana.
La Favara medieval dependía del castillo del Barranco, también llamado de Alcalá de Alfandech, cuyas rentas contribuían a sufragar las deudas de la Corona. En 1297, tras la fundación del monasterio de la Valldigna por Jaime II y su entrega a los monjes de Santes Creus, el lugar quedó bajo la jurisdicción de los abades cistercienses, compartiendo destino con otras poblaciones cercanas como Benifairó de la Valldigna o Simat de Valldigna; de aquella época solo se conserva en Favara la ermita de San Lorenzo. El núcleo, entonces conocido también como Alcudiola de Favara, estuvo poblado por moriscos hasta que la expulsión de 1609 lo dejó completamente desierto.
Favara fue repoblada en 1611 por familias cristianas, a las que el duque de Gandía otorgó carta de población el 10 de julio de ese año. Los 22 pobladores originales mantuvieron una base demográfica estable durante décadas: en 1715 el lugar no superaba los 31 vecinos, una cifra condicionada por las enfermedades asociadas al cultivo del arroz en la marjal. El naturalista Cavanilles, que visitó la zona a finales del siglo XVIII, llegó a escribir que apenas quedarían brazos para el cultivo del arroz sin los recién llegados, y que las fiebres tercianas «talaban a los vivientes» igual que un ejército sitiador. A partir del censo de 1860, con 447 habitantes, la población inició un crecimiento sostenido impulsado por el auge del cultivo de la naranja, hasta alcanzar los 783 vecinos en 1900. El siglo XX trajo consigo la llegada de la modernidad —alumbrado público de gas acetileno y nuevas aceras— aunque la emigración hacia Francia frenó el crecimiento demográfico a partir de 1965. Favara mantiene hoy un hermanamiento con la localidad francesa de Villelaure, heredero de aquellos vínculos migratorios. A lo largo de todo este periodo, la historia de Favara estuvo marcada también por su pertenencia administrativa a distintos territorios: hasta 1707 el pueblo formaba parte de la gobernación de Játiva, conocida también como «allende Júcar», y tras los Decretos de Nueva Planta pasó a depender del corregimiento de Alcira hasta 1831, dos años antes de que España quedara dividida en las provincias actuales. Este tránsito entre distintas jurisdicciones es habitual en buena parte de los municipios de la Ribera, repoblados tras la expulsión morisca bajo la autoridad de señoríos nobiliarios o eclesiásticos que fueron cediendo terreno, con el paso de los siglos, a la administración provincial moderna.
Patrimonio
La iglesia parroquial de San Antonio Abad, construida a partir de 1734 y decorada al estilo renacentista por el arzobispo Andrés Mayoral, se terminó en 1760 gracias a la financiación del señor de Rótova y Favara. La ermita de San Lorenzo, de planta rectangular y pequeñas dimensiones, se alza sobre un montículo con muros de piedra y mampostería y una sobria fachada rematada por una cruz de forja. El municipio conserva además dos yacimientos arqueológicos de cierto interés: la Cueva de la Galera, con materiales de la Edad del Bronce y cronología ibérica, y la Plana de la Sima, con restos prehistóricos de sílex, ambos depositados en el Museo Municipal de Alcira.
Entre el patrimonio civil destacan dos fuentes monumentales: la de la plaza del Caballo, con cuatro caballos alados orientados a los puntos cardinales y una elaborada decoración de cabezas de león y elementos fantásticos, y la de la plaza Vera Cruz, de 1950, con motivos de grifos y una columna balaustrada coronada por un farol. El edificio de las Escuelas Fundación Patriarca San José, de 1880, completa el patrimonio arquitectónico del municipio con una fachada que combina distintos tratamientos decorativos en cada una de sus plantas.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de Favara se celebran entre el 8 y el 14 de agosto, con un programa que dedica cada jornada a un colectivo o advocación distinta: San Cristóbal, patrón de los camioneros, el 8 y 9 de agosto; San Joaquín, dedicado a pensionistas y jubilados, el 11; el día de las chicas en honor a la Purísima el 12; el día de los chicos dedicado a la Divina Aurora el 13; y la gran fiesta final en honor a la Vera Cruz, patrona del pueblo, el 14 de agosto. El calendario festivo se completa con San Francisco el 3 de octubre y San Antonio el 17 de enero.
Economía y gastronomía
La economía de Favara mantiene su base tradicional en la agricultura de regadío, con la naranja, las hortalizas y el arroz como cultivos principales, a los que se suman en la actualidad pequeñas industrias de plásticos, hormigón, herrería, mueble y agroalimentación. La gastronomía local da buena cuenta de ese peso arrocero, con platos como el arroz al horno o el arroz caldoso, además de distintas variedades de paella que forman parte habitual de la mesa en el municipio. Esta vinculación con el arroz no es casual: el delta del Júcar, en cuya llanura se asienta buena parte del término municipal, ha sido históricamente una de las zonas arroceras de referencia de la Comunidad Valenciana, y el propio relato histórico de Favara, marcado por las fiebres asociadas al cultivo en marjal durante los siglos XVII y XVIII, refleja hasta qué punto esta actividad ha condicionado la vida de sus habitantes desde la repoblación morisca.
Demografía
La serie del INE muestra un crecimiento demográfico muy marcado en Favara durante los primeros años del siglo XXI: de 1.747 habitantes en 2001 se ha pasado a los 2.776 actuales, su máximo histórico dentro de esta serie, en un proceso de crecimiento casi ininterrumpido que contrasta con el estancamiento o el descenso que experimentan muchos municipios rurales de similar tamaño en la Comunidad Valenciana.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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