- Ayora: la capital de un valle fronterizo en el interior de Valencia
- Geografía: un valle entre sierras de más de 1.200 metros
- Lo que Cuentan los Censos de Ayora
- Historia: entre dos coronas y la huella de 10.000 años de arte
- Patrimonio: un castillo en ruinas y cinco barrios con nombre propio
- Economía: la miel como seña de identidad
- Fiestas: un ángel contra la peste y una semana entera para la Virgen
- Cuándo Ir a Ayora
- Planifica tu Visita a Ayora
- Otros Pueblos de Valencia
Ayora: la capital de un valle fronterizo en el interior de Valencia
En el extremo suroeste de la provincia de Valencia, pegada a la frontera con Albacete, Ayora es la capital de la comarca del Valle de Ayora-Cofrentes. Con 5.282 habitantes (INE 2025), es un municipio tan extenso como poco conocido: su término, de 446,6 km², es el segundo más grande de toda la provincia, solo por detrás de Requena. Esa combinación de aislamiento geográfico y tamaño desmedido explica buena parte de su historia, marcada durante siglos por haber sido tierra de frontera entre Castilla y Aragón.
Geografía: un valle entre sierras de más de 1.200 metros
El pueblo se asienta a 596 metros de altitud, pero el término municipal oscila mucho más: desde los 530 metros junto al río Reconque hasta el Puntal de Palomeras, a 1.258 metros, el techo de toda la comarca. Ayora queda rodeada por una corona de sierras —Palomeras, Mugrón, Enguera, Montemayor— que encierran un corredor central por el que discurre el valle. Dentro de ese término viven también los núcleos de Casas de Madrona, San Benito y La Vega. Uno de los parajes más valorados es La Hunde, una pinada al pie de la sierra Palomeras con una balsa que recoge el caudal de la fuente de la Cadena, muy frecuentada para acampadas; allí hay desde águilas reales hasta jinetas y jabalíes.
Lo que Cuentan los Censos de Ayora
La serie de población que ofrece el INE para Ayora arranca en 2001, con 5.506 habitantes, y marca su punto más alto en 2002, con 5.517. Desde ese máximo de la serie, el municipio ha perdido algo más de un 4 % de su gente, hasta los 5.282 actuales: un descenso lento y sin sobresaltos, muy distinto al de otros pueblos del interior valenciano. Conviene matizar que esta serie solo cubre el siglo XXI: no dice nada sobre si Ayora tuvo más vecinos en otras épocas, algo que el material disponible no permite comprobar con las mismas garantías.
Historia: entre dos coronas y la huella de 10.000 años de arte
Ayora fue durante siglos un territorio en disputa. Conquistada por Jaime I, se cedió a Castilla en el Tratado de Almizra (1244), lo que explica que sus primeros pobladores cristianos hablaran castellano y que ese idioma siga predominando hoy en un municipio rodeado de términos valencianohablantes. En 1281 volvió a cambiar de manos con el Tratado de Campillo, y no se integró definitivamente en el Reino de Valencia hasta el Acuerdo de Elche de 1305. Esa doble pertenencia —política primero, religiosa después, con su arciprestazgo pasando de Cartagena a Orihuela y finalmente a Valencia en 1954— marcó su carácter de comarca a caballo entre dos mundos.
La convivencia entre cristianos y musulmanes se mantuvo durante siglos en la propia villa, con una morería extramuros que hoy es el barrio de Santa Lucía, hasta la expulsión de los moriscos en 1609. La Guerra de Sucesión española dejó otra cicatriz: Ayora apoyó al archiduque Carlos y pagó ese apoyo con el asedio de las tropas borbónicas, que asaltaron la villa e incendiaron su castillo en 1707.
Mucho antes de todo eso, el valle ya tenía historia que contar. En sus barrancos se conserva una de las colecciones de arte rupestre prehistórico más relevantes de España: el llamado arte levantino, de cazadores-recolectores de hace 10.000 años, y el arte esquemático neolítico, de hace 6.500. La Unesco declaró este conjunto Patrimonio de la Humanidad en 1998 dentro del arco mediterráneo de la península ibérica. A poca distancia se levanta el Castellar de Meca, una ciudad-fortaleza íbera tallada literalmente en la roca de un altiplano a 1.058 metros, con aljibes, calles y hasta las huellas de las ruedas de los carros que durante siglos subieron por su camino de acceso.
Patrimonio: un castillo en ruinas y cinco barrios con nombre propio
El Castillo de Ayora, palacio-fortaleza del ducado del Infantado, domina el centro de la villa desde una elevación. Se construyó hacia mediados del siglo XIII sobre una fortificación árabe anterior y llegó a tener cuatro plantas, dos plazas fuertes y casi mil metros de murallas. El asedio de 1707 lo dejó en ruinas, aunque su silueta —con la torre del homenaje y la «puerta falsa» mandada abrir por la marquesa del Zenete en el siglo XVI— sigue siendo reconocible. La iglesia de la Asunción es, según el propio material de consulta, uno de los mejores ejemplos de arquitectura renacentista de la Comunidad Valenciana, mientras que la iglesia de Santa María la Mayor se construyó sobre una antigua mezquita dentro del recinto amurallado.
El pueblo conserva barrios muy diferenciados: Los Altos, el núcleo medieval de calles estrechas y empinadas pintadas de blanco y azul; El Hueco, el ensanche renacentista con la plaza Mayor y una calle —la de la Marquesa del Zenete— que el botánico Cavanilles llegó a calificar como superior a cualquier otra del Reino de Valencia; y Santa Lucía, la antigua morería, con su ermita reconvertida a partir de una mezquita. A ello se suma La Llotja, un edificio modernista de estructura metálica levantado en 1892 sobre el solar del antiguo ayuntamiento.
Economía: la miel como seña de identidad
La agricultura de secano, el olivo, el almendro y la vid conviven con una actividad que define a Ayora mejor que ninguna otra: la apicultura. El municipio presume de contar entre sus pinturas rupestres con representaciones de una de las prácticas de recolección de miel más antiguas documentadas, y hoy sigue siendo uno de los grandes productores de miel de la zona, con una Feria de la Miel que se celebra durante el puente del Pilar. Junto a la colmena, Ayora mantiene pequeños talleres textiles que todavía tejen mantas de lana y espardenyes de esparto, y un reducido polígono industrial. La proximidad de la central nuclear de Cofrentes también genera empleo en la comarca, aunque su construcción fue en su día muy contestada por parte de la sociedad valenciana.
Fiestas: un ángel contra la peste y una semana entera para la Virgen
Las fiestas patronales de Ayora se reparten en tres citas. La más singular es la del Santo Ángel Tutelar, el segundo lunes de enero, que recuerda la tradición de un ángel que se apareció a una vecina llamada Liñana en 1392 y logró que cesaran la peste y el hambre que asolaban la villa; cada año una romería multitudinaria sube hasta la ermita del Ángel. El 30 de noviembre se celebra a San Andrés, patrón del pueblo, y entre el 8 y el 15 de agosto llega la fiesta grande, dedicada a la Virgen de la Asunción, con ofrenda de flores, procesión y los días de vaquillas en una plaza Mayor transformada con tablaos de madera. La gastronomía local tiene nombres propios: el ajetao (patatas con ajo), la gachamiga con hígado y, sobre todo, los gazpachos ayorinos.
Cuándo Ir a Ayora
Agosto concentra lo mejor de Ayora: la fiesta grande de la Asunción con sus vaquillas y su ambiente de pueblo volcado en la calle. Quien prefiera evitar las altas temperaturas del verano en este valle del interior valenciano puede optar por enero, con la romería del Ángel Tutelar, o por el puente del Pilar en octubre, cuando se celebra la Feria de la Miel y el otoño ya ha suavizado el calor. Para quien busque naturaleza y silencio, cualquier fin de semana fuera de temporada alta permite recorrer sin agobios los senderos de La Hunde o subir hasta el Castellar de Meca.
Planifica tu Visita a Ayora
Ayora está a poco más de dos horas de Valencia capital y a menos de media hora de Almansa, donde se encuentra la estación de ferrocarril más cercana, en la línea Madrid-Valencia. La red de autobuses conecta el municipio con Valencia, Albacete, Almansa y Xàtiva. Conviene reservar al menos medio día para el casco histórico —castillo, iglesias y barrios— y otra jornada completa para el entorno natural: el Castellar de Meca y las pinturas rupestres de Tortosilla y El Sordo exigen caminar por pistas y barrancos, por lo que se recomienda buen calzado y, en los meses de más calor, madrugar para evitar las horas centrales del día.
Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.
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