Ametlla Del Vallès (l’). Pueblos de Barcelona. Fotos, videos, mapas y recomendaciones

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La Ametlla es una localidad español de la provincia de Barcelona, Cataluña, emplazado en la comarca del Vallés Oriental. Se haya a 35 kilómetros al noreste de Barcelona. La Ametlla ha sido un tradicional centro de veraneo. En la localidad también se han desarrollado algunos pequeños núcleos industriales en Montguit i Mas Dorca. Como patrimonio artí­stico podemos destacar la Parroquia de Sant Gení­s, el ayuntamiento de estilo modernista, la Ermita de Sant Nicolau, y algunas masí­as y casas pairales como Can Draper, Can Xammar de Dalt y Can Xammar de Baix.

Actualmente es el tercer municipio con más renta per capita de Cataluña, siendo sólo superado por Matadepera y San Cugat del Vallés.

Una de las primeras referencia es una nota del presbí­tero mossí¨n Josep Mas, donde dice que en el año 903, Emma, abadesa del Monasterio de San Juan de Ripoll e hija del Conde Guifré y de Vinilda, tení­a señorí­a sobre la parroquia de Sant Gení­s de l’Amigadala, nombre latinizado de Ametlla. Otro documento, correspondiente al Concilio de Barcelona del año 906, confirma el documento anterior, firmado por el arzobispo de Narbona, y dice textualmente: “In pago autem Vallensi Parrochiam Sancti Genessi in villa quae dicitur Amigdala”. Se puede creer con bastante certeza que la parroquia ya existí­a, pues, en el siglo IX.

En el 4 de julio del 932, en un acto promovido por Emma, se procedió a la consagración de la parroquia, presidida por el obispo de Barcelona, Teodorico. El documento hace constar que este acto tuvo lugar debido a la súplica de la religiosí­sima Emma por misericordia de Dios, y lo firmaron 25 personas de La Ametlla, por lo que se cree que habrí­a unos 150 personas registradas. En él se fijaban ya los lí­mites de la parroquia, que son casi los mismos que los del término municipal actual. Se cree que a finales de este siglo, La Ametlla pasó al dominio del Condado de Barcelona.

En el año 1059, el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer I el Vell, daba al Señor Mir Geribert las tierras que formarí­an la Baroní­a de Montbui. Estas tierras eran las parroquias de Sant Pere de Bigues, Sant Esteve de Palaudí ries, San Mateo de Montbuy, San Felí­u de Codinas, Santa Eulí lia de Roní§ana, Sant Gení­s de l’Ametlla, Sant Andreu de Samalús y, se cree, Santa Maria de Caldes. El castillo de Montbuy se halla en la cima de una colina de 541 metros de alto que se haya entre San Felí­u de Codinas, Bigues i Riells y Caldas de Montbuy. Aún quedan notables trozos de muro de estructura poligonal hechos con hileras de piedra inclinada que recuerdan el opus spicatum.

La parroquia volvió a consagrarse en el 1123, por lo que se supone que se reconstruyó la iglesia o se amplió. Esta consagración fue presidida por el Arzobispo de Tarragona, Oleguer. Se hace referencia, también, como pertenencias de la parroquia, a las ermitas de Sant Nicolau y de Sant Bartomeu de Montras. El acta hace también referencia al Dret dels 30 passos, que era un espacio protegido al pie de la iglesia que se convirtió en el núcleo primitivo de los habitantes, donde los payeses guardaban sus cosechas para salvarlas de las arbitrariedades de los Señores.

No hay muchas informaciones sobre La Ametlla en el siglo XIII. No obstante, es conocido que durante todo el siglo la parroquia de Sant Gení­s formó parte de la Baroní­a de Montbui y que estaba bajo la jurisdicción del Señor feudal del castillo de Montbui. Aunque no han perdurado hasta nosotros los nombres de los barones, sí­ se sabe que algunos de los señores del castillo de Montbui lo fueron también del de la Roca del Vallés.

Tampoco hay mucha documentación por lo que se refiere al siglo XIV. Uno de los pocos documentos que existen trata de la demografí­a de La Ametlla. Considerando los datos que en él se hayan, puede afirmarse que a principios de siglo habrí­a unos 500 personas registradas y que alrededor del 1375 era de 300 personas registradas. A mediados de siglo los habitantes bajó hacia alrededor de los 150 personas registradas, debido a la plaga de peste bubónica que azotó Cataluña en esos años. También es en este siglo cuando se hallan las primeras referencias a la Virgen de Puig-Graciós. Una de las primeras referencia se haya en un testamento fechado en el 1307 y en un texto de mediados de siglo, que dice textualmente que en la iglesia de San Pablo de Montmany adorna el retablo mayor del Apóstol una imagen de la Reina de los serafines, Marí­a, intitulada del Puche Gracioso.

El siglo XV fue caótico. Hubo guerra civil entre el Rey Joan II y las corporaciones catalanas de la época, y una revolución social. El Rey solucionó el problema social con la Sentencia de Guadalupe, que modificaba las condiciones de trato entre los señores, propietarios de las tierras, y los campesinos; y algunos de ellos pasaron a ser perseguidos. En 1490 hubo un cambio de jurisdicción en La Ametlla, cuando la Baroní­a de Montbuy pasó, por el Privilegio de la Entrega, a la jurisdicción del Consell de Cent de Barcelona, pasando a formar su propio Gobierno, que tardó a funcionar correctamente. Este Consell estaba formado por un alcalde, 8 regidores, un mayordomo y dieciséis prohombres, y se le llamó el Consejo de los 26.

El siglo XVI siguió con la tendencia marcada en el siglo XV, cuyas consecuencias fueron fenómenos como el bandolerismo. Cabe destacar un elevado número de muertes violentas durante todo el siglo en La Ametlla, considerando que los habitantes nunca rebasó los 200 personas registradas. Un factor de interés es que el término se destacaba por su gran cantidad de casas de labranza aisladas, lo que facilitaba los delitos de los bandoleros. La cabeza de la lucha contra el bandolerismo fueron Miquel Puigllunell, como cabeza de la decena parroquial, y Jaume Draper, como general del Somatén del Consell de la Baroní­a, destinado a “perseguir los ladrones y hombres de mala vida”. Cada parroquia aportó 10 hombres debidamente entrenados.

El siglo parece que empezó bastante tranquilo. El mejor ejemplo fue la fiesta que hubo en 1610, que es a partir de cuando en La Ametlla existen dos patrones: Sant Gení­s de Roma y Sant Gení­s d’Arlés, cuya reliquia aún se conserva. Pero los odios de la revuelta campesina de los siglos anteriores no habí­an cicatrizado, como se demostró el 25 de agosto de 1635 con el asesinato de Jaume Plantada de Xammar, cuyas familias eran las más influyentes en la época.

En 1637 se tiene constancia de la intervención de la Inquisición en La Ametlla, y habla de la Excomunión Mayor de Francesc Draper, que, según parece, no habí­a cumplido las obligaciones que se le atribuí­an ni de haber correspondido a algunas letras de comminación.

En 1640 se produjo en Cataluña la Guerra de los Segadores, que enfrentó a las instituciones catalanas al centralismo español. Las repercusiones se notaron incluso en los pueblos más insignificantes del paí­s. El pueblo no se vio afectado directamente por la revuelta, aunque se sabe que en La Ametlla se alojaron compañí­as de soldados franceses y compañí­as de soldados castellanos.

A todo esto siguió una época de bonanza en La Ametlla, que las familias más adineradas del pueblo aprovecharon para construir grandes masí­as. Las más destacables remodelaciones de la época las hicieron en el Mas Draper, los dos Mas Xammar y el Mas Plantada. Otra buena muestra de esta bonanza se fecha en 1679, cuando se decide construir una nueva iglesia, siendo rector de la parroquia Mossí¨n Joan Santmartí­, llegado a La Ametlla en 1670.

Pero llegó la Guerra de Sucesión y que, con la entronización de los Borbones, Catalunya sufrió grandes consecuencias polí­ticas y bélicas. A nivel de La Ametlla cabe destacar, en 1709, el asesinato de Joan Puigllunell, posiblemente a manos de algunos botiflers, aunque se desconoce con certeza. La Ametlla, al ser feudataria del Consell de Cent y como todo el Término de la Baroní­a de Montbui, se alineó a favor de las autoridades catalanas. Pero la guerra se perdió y, con motivo del Decreto de Nueva Planta, los órganos de Gobierno catalanes desaparecieron y, también, las instituciones que dependí­an de éstos, como la Baroní­a de Montbui, aunque siguió existiendo “extraoficialmente”. La Ametlla pasó a depender del Corregimiento de Mataró y de la Alcaldí­a Mayor de Granollers. Los cargos del Consejo eran decididos por el Corregidor de Mataró, y solí­an ser individuos afines al nuevo régimen. Los documentos oficiales pasaron a ser redactados en castellano.

A partir del 1730, la parroquia pasó a administrar sus propios ingresos y entre el 1701 y el 1711 se edificó el Santuario de Puig-Graciós, donde se instaló la imagen mariana que hasta entonces estaba en la parroquia de Montmany.

Millet Park Durante el siglo XVIII, una de les prerrogativas que perdieron los pueblos de la Baroní­a de Montbui fue la administración de justicia, por lo que cualquier litigio tení­a que ser juzgado en Granollers, Mataró o Barcelona según la importancia de este. También fue un siglo donde la inflación fue muy destacable, como lo demuestra que el trigo y la cebada se habrí­an incrementado de precio alrededor de un 290%. A finales de este siglo, a causa de la Revolución francesa, comienzan a aparecer apellidos de origen francés en el pueblo, hecho que demuestra la llegada de inmigrantes del paí­s vecino.

A principios del siglo XIX, la parroquia de San Felí­u de Codinas es constituyó en Villa Real y abandonó la Baroní­a, por lo que La Ametlla ganó mucho peso en esta organización, como lo demuestra el incremento de gente del pueblo que entró en los órganos de gobierno de la Baroní­a. Entre 1808 y 1814, Cataluña fue ocupada por las tropas de Napoleón. La mayorí­a del paí­s se alzó contra el invasor en la guerra de la independencia española, pero también existieron luchas contra los grandes propietarios. No hay documentación, no obstante, que demuestre estos hechos en los pueblos de la Baroní­a.

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