Bellreguard, Valencia

Bellreguard. Pueblos de Valencia

Bellreguard: naranjos, playa y memoria morisca en la Safor valenciana

En el corazón de la Safor, entre Gandía y Oliva, Bellreguard es uno de esos pueblos valencianos que viven partidos en dos: el núcleo histórico, atravesado por la antigua carretera nacional entre Valencia y Alicante, y la playa de Bellreguard, un exclave costero que en verano llega a duplicar la población del municipio. Con 5.032 habitantes y apenas 2,9 km² de término —uno de los más pequeños de toda la comarca—, Bellreguard concentra en muy poco espacio una historia que va de la Valencia morisca a la economía naranjera actual.

El municipio se sitúa a solo 15 metros de altitud, en pleno llano aluvial de la Llacuna, entre las estribaciones de la sierra Gallinera, la margen derecha del río Serpis y el mar Mediterráneo.

📝 Contenido:
  1. Geografía
  2. Historia
  3. Patrimonio
  4. Economía
  5. Fiestas
  6. Cuándo Ir
  7. Planifica tu Visita
  8. Otros Pueblos de Valencia

Geografía

Bellreguard está formado por dos núcleos de población bien diferenciados: el pueblo propiamente dicho, por el que discurre la carretera N-332 entre Gandía y Oliva, y la Playa de Bellreguard —Platja de Bellreguard en valenciano—, que funciona como un exclave separado del casco urbano principal, hoy totalmente urbanizado. Esta playa participa en el Plan de Playas Accesibles de la Comunidad Valenciana y está adaptada para personas con movilidad reducida, un detalle que la distingue de otros arenales de la comarca.

El término municipal, de apenas 2,9 km², limita con Almoines, Alquería de la Condesa, Gandía, Guardamar de la Safor, Miramar, Palmera y Rafelcofer, lo que da una idea de lo fragmentado que es el mapa municipal en esta zona de la Safor, con pueblos muy pequeños y muy próximos entre sí. Esa densidad de municipios, heredada en buena parte del reparto de tierras tras la expulsión de los moriscos, es uno de los rasgos más característicos de la comarca y explica por qué, a pocos minutos en coche, es posible visitar media docena de localidades con historia y fiestas propias pese a compartir un mismo paisaje de huerta y naranjal.

Historia

El origen de Bellreguard es difícil de fijar con precisión: la ausencia de restos arqueológicos previos y la pérdida de legajos y archivos antiguos dificultan reconstruir sus primeros siglos. No aparece en el Llibre del Repartiment ni se ha encontrado una Carta de Población, pero todo apunta a un origen islámico, confirmado por la necrópolis morisca localizada en 1984. Hasta 1486 el pueblo se conocía con el nombre árabe de Sotaia; fue aquel año, cuando el territorio fue adquirido por Pedro Luis de Borja, duque de Gandía, cuando aparece por primera vez el nombre de Bellreguart en la escritura de compraventa, en la que actuó como procurador el escritor y teólogo Joan Roís de Corella.

La población morisca del municipio sufrió un golpe decisivo con la expulsión de 1609: de 165 familias, solo quedaron cuatro de cristianos viejos, y las casas y campos quedaron abandonados durante años. Se necesitaron cerca de cincuenta años para que los nuevos repobladores recuperaran apenas el 30% de la población anterior. El nombre del municipio cambió también con el tiempo: hasta el censo de 1991 se le conocía oficialmente como Bellreguart, y a partir de entonces pasó a denominarse Bellreguard, su forma actual en valenciano.

Patrimonio

El patrimonio monumental de Bellreguard es modesto pero significativo: la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, patrón del pueblo, y la ermita de la Virgen del Carmen son los dos edificios religiosos de referencia del municipio. Más allá de la arquitectura, el patrimonio más singular de Bellreguard es inmaterial: el Ball de la Forca, o Baile de la Horca, una danza de bastones ejecutada únicamente por hombres, vestidos con camisa blanca, zaragüelles anchos al estilo moruno y alpargatas de cinta negra, que portan horcas de tres, cinco y hasta siete puntas según su rango en la comparsa. Es la única danza de este tipo documentada en toda la comarca de la Safor, y su recuperación ha sido clave para mantener viva una tradición que estuvo a punto de desaparecer del folclore local. Entre los vecinos notables del municipio se recuerda a figuras como Joan Pellicer, Ferran Cremades y Quique Llopis, nombres que los propios bellreguardinos citan con frecuencia al hablar de su pueblo, prueba de que una localidad de poco más de dos kilómetros cuadrados puede tener, pese a su tamaño, una identidad cultural propia bien definida.

Economía

La economía de Bellreguard ha girado tradicionalmente alrededor de la agricultura, aunque en constante transformación según la época. Durante los siglos XVI y XVII el cultivo dominante fue la caña de azúcar, con un molino que funcionaba como importante centro azucarero de la zona; en los siglos XVIII y XIX la caña fue sustituida por la morera y la viña, ligadas a la industria de la seda. A principios del siglo XX, la crisis de la seda y las plagas que afectaron a la viña abrieron paso a un nuevo cultivo que se mantiene hasta hoy como seña de identidad agrícola de la Safor: el naranjo. En la actualidad, la pequeña industria, los servicios y el turismo —apoyado en la playa de Bellreguard— completan el tejido económico del municipio.

Fiestas

El 17 de enero se celebra San Antonio Abad, con la tradicional distribución de pan bendito y la bendición de los animales, una fiesta muy extendida en los pueblos valencianos de interior y costa por igual. Las Fiestas Mayores, en honor a San Miguel, se celebran los días 22 y 23 de septiembre con un marcado carácter popular: el pregón corre a cargo de una comparsa del "tío de la porra", originaria de Gandía, acompañada por los llamados drapets o pedacets, una comparsa de tipo carnavalesco vestida con tiras de tela que existe en el pueblo desde tiempos inmemoriales. Durante esos mismos días, los festejos de Moros y Cristianos tienen un protagonismo especial en el programa festivo.

Cuándo Ir

Las Fiestas Mayores de San Miguel, a finales de septiembre, son la cita que mejor concentra la vida social y festiva del municipio, con el pregón, la comparsa de drapets y los actos de Moros y Cristianos. Para quien busca playa, el verano es la temporada natural, cuando la Playa de Bellreguard duplica su población habitual y ofrece un ambiente animado pero manejable comparado con otros destinos de la Safor. Enero, con San Antonio Abad, es una buena opción para quien prefiera un ambiente tranquilo y una tradición más recogida.

Planifica tu Visita

Bellreguard se encuentra a pocos minutos de Gandía y a poco más de una hora de Valencia capital por la N-332 o la autopista del Mediterráneo, lo que lo convierte en una parada fácil dentro de una ruta por la costa de la Safor. Dado su reducido tamaño, una visita de medio día permite recorrer con calma la iglesia de San Miguel Arcángel, la ermita de la Virgen del Carmen y acercarse después a la playa, accesible y tranquila. Para la gastronomía, conviene probar los fardeles o figatells, típicos de la zona, y la amplia repostería azucarera heredada de la antigua tradición cañera, con dulces como la coca de piñones o la casca de Reyes. El municipio conecta bien, además, con Gandía y con otros pueblos de la Safor para quien quiera prolongar la ruta por la comarca.

Datos de población, superficie y altitud: Instituto Nacional de Estadística y Wikidata.

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