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Valladolid es una localidad y municipio español emplazado en el noroeste de la Península Ibérica, capital de la provincia del mismo nombre, y sede de las Cortes y la Junta de la comunidad autónoma de Castilla y León. Cuenta, según los datos del padrón de 2009, con 317.864 personas registradas, siendo el 13.er municipio más habitado de nuestro país y el primero de todo el noroeste español. Por su parte, el área metropolitana de la localidad, conformada por 23 municipios, es la 20.ª de nuestro país, con una población de 410 534 personas registradas.
Aunque existen indicios de asentamientos pertenecientes al Paleolítico inferior, Valladolid no tuvo una población estable hasta la Edad Media. Durante la repoblación de la Meseta, Alfonso VI encargó al conde Pedro Ansúrez su poblamiento, otorgándole el señorío de la misma en 1072. A partir de esta fecha se inicia su crecimiento, dotándose de distintas instituciones; Iglesia Colegial, Universidad o Alcázar Real. Esto le permitió convertirse en sede de la Corte castellana, y posteriormente, entre 1601 y 1606, capital del Imperio español, hasta que la capitalidad pasó definitivamente a Madrid. A partir de entonces se inicia un periodo de decadencia que sólo se salvará con la llegada del ferrocarril, en el siglo XIX, y con la industrialización de la localidad, ya en el siglo XX.
Conserva en su casco antiguo un interesante conjunto histórico, compuesto por casas, palacios, iglesias, plazas, avenidas y parques, junto con un destacable patrimonio museístico. Entre los acontecimientos culturales que se celebran en la localidad destacan la Semana Santa de Valladolid y la Semana Internacional de Cine de Valladolid, entre otros.
Sobre el origen del nombre hay algunas teorías. En época andalusí se llamó Balad WalÄ«d بلد وليد, que significa "puebla de Walid" en alusión quizá al califa omeya Walid I, que gobernaba el Imperio islámico en el momento de la conquista árabe. Relacionadas con ésta, existen también las etimologías Valledolit, Vallis Oleti o Valle de Olit, un árabe que supuestamente poseía la localidad;. Otro posible origen pudiera ser Vallis olivetum; es decir, Valle de los Olivos, aunque dado el tiempo climatológico extremo de la localidad no es muy probable que hubiera gran cantidad de olivos en la zona. Otra teoría, más aceptada que las anteriores, afirma que el origen de la palabra proviene de la expresión celta Vallis tolitum, ya que por la localidad pasan el río Pisuerga y el río Esgueva, que antes de su canalización, en el siglo XIX, se extendía por varios ramales. Otra teoría, y ésta más probable, es por el gentilicio vallisoletano, que se cree que proviene de valle del sol o valle soleado; en la Edad Media era llamada Vallisoletum.
Por último, también existe la teoría de Valladolid como contracción de valle de lid, lugar, por su llanura, donde se reunían los clanes y tribus prerromanos para sus enfrentamientos armados.
El término Pucela se utiliza también, de forma popular, para denominar a la localidad. De la procedencia de esta palabra existen algunas teorías, que colocan su aparición en el siglo XX.
Por último, se haya el término de Pincia, que parece tener un origen mucho más culto. Cerca de Peñafiel, en la localidad de Padilla de Duero, se hayan las ruinas de una destacable localidad, presuntamente celta: Pincia. El identificar a Valladolid con esta localidad proviene del Renacimiento y la costumbre que imperaba en aquella época de relacionarlo todo con las civilizaciones griega y romana. Posteriormente, se demostró la inexistente relación entre Valladolid y Pincia.
Hay indicios datables en el Paleolítico Inferior, esencialmente Achelense, recogido en superficie en las terrazas cuaternarias del río Pisuerga, en Canterac ; pero no se puede decir que la localidad tuviera una ocupación estable hasta la Edad Media, que es posiblemente cuando surgió el topónimo que le da nombre.
Los asentamientos posteriores en la actual provincia de Valladolid datan de épocas prerromanas, existiendo en la zona yacimientos de pueblos vacceos, que fueron habitadores de cultura muy avanzada, y, como el resto de pueblos célticos, llegaron a la península procedentes del norte de Europa. El máximo exponente de esta cultura en las cercanías, que fue arrasada por los romanos, es Pincia, en la actual localidad de Padilla de Duero.
Durante años, se creyó que Valladolid era la antigua Pincia, hasta que las excavaciones arqueológicas demostraron la verdadera ubicación de la localidad vaccea. En algunas zonas del casco antiguo de la localidad han aparecido restos de época romana, como en las calles Angustias, Arribas, Juan Mambrilla y en las del Empecinado y Padilla, donde se tiene constancia de la aparición de varios mosaicos romanos. También ha habido hallazgos en puntos periféricos de la localidad; en los alrededores del Monasterio de Nuestra Señora de Prado se descubrió en los años 50 una villa romana: la Villa romana de Prado, la cual acoge un amplio conjunto arquitectónico residencial, acompañado de mosaicos. De hecho, un gran mosaico de mármol y caliza, el Mosaico de los cantharus, preside el hemiciclo de las Cortes de Castilla y León.
En el siglo XI, durante la repoblación de la Meseta, el rey Alfonso VI de León y Castilla encargó al conde de Saldaña y Carrión, Pedro Ansúrez, y a su esposa, doña Eylo, su poblamiento. Hasta que Alfonso VI otorga el señorío de la misma al conde Pedro Ansúrez, en 1072, no se produce el crecimiento de la localidad. Don Pedro hizo construir un palacio para él y su esposa, Doña Eylo, que no se conserva. También edificó la Colegiata de Santa María y la iglesia de La Antigua. En 1208, el rey Alfonso VIII de Castilla la nombró localidad cortesana, convirtiéndose en el centro cultural de Castilla.
Tras la temprana muerte de Enrique I de Castilla y la abdicación de su madre, a Fernando III el Santo le fue otorgado en 1217 el reino de Castilla, en acto realizado en la Plaza Mayor de Valladolid. Durante los siglos XII y XIII Valladolid experimentó un rápido crecimiento, favorecido por los privilegios comerciales otorgados por los monarcas Alfonso VIII y Alfonso X El Sabio. Doña María de Molina, reina y regente de Castilla durante 30 años, estableció allí su residencia en torno al 1300, engrandeciéndola notablemente. En 1346, el Papa Clemente VI otorgó la bula que permitió la creación de la Universidad.
Durante estos siglos, la localidad servía ocasionalmente como residencia real y sede de las Cortes. El primer Alcazarejo fue transformado en Alcázar Real, y la reina María de Molina se hizo edificar un palacio, que fue su residencia habitual. El 19 de octubre de 1469 Isabel de Castilla y Fernando de Aragón celebraron su matrimonio secreto en el Palacio de los Vivero, y pasaron su luna de miel en el Castillo de Fuensaldaña. Bajo los Reyes Católicos la localidad vivió una etapa de gran dinamismo universitario, que culmina en la creación de los Colegios Mayores de Santa Cruz y San Gregorio, lo que hizo de Valladolid uno de los semilleros de la burocracia moderna.
En 1489 se estableció definitivamente el tribunal de Chancillería, y en 1500 el de la Inquisición, para juzgar actos de herejía, dando lugar a la celebración de los Autos de Fe. En 1506 murió en Valladolid Cristóbal Colón, y su cuerpo fue enterrado en la localidad, en el convento de San Francisco, edificio donde más tarde se situó el Teatro Zorrilla, aunque fue trasladado posteriormente. Siguiendo con otro navegante, en Valladolid firmó Magallanes las capitulaciones con el rey Carlos I de nuestro país, antes de iniciar su ruta occidental hacia las Indias, el 22 de marzo de 1518.
Durante un tiempo, la localidad perdió sus privilegios, retirados por el emperador Carlos, hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, en represalia contra los comuneros que se opusieron a su ascensión al trono. En Villalar, cada 23 de abril, se celebra el Día de Castilla y León, para recordar lo ocurrido en esta tierra. Superado el incidente, Valladolid se convirtió en una de las capitales del Imperio español de Carlos I de nuestro país y V de Alemania, cobrando gran importancia política, judicial y financiera.
El 21 de mayo de 1527 nació el futuro rey, Felipe II, en el Palacio de Pimentel. En 1561 la localidad fue arrasada por un enorme incendio, tras el que Felipe II se comprometió a reconstruir la localidad, dotándola de la primera Plaza Mayor regular de nuestro país. Su decisión de trasladar la Corte de Valladolid a Madrid no sólo dejó una catedral a medio construir. El desmantelamiento de todo el entramado administrativo y comercial que atraía la presencia de la Corte en la localidad, trajo consigo una época de decadencia de la que la localidad no comenzó a recuperarse hasta el siglo XIX. Aun así, experimentó una pequeña expansión, culminando en la concesión del título de Ciudad el 9 de enero de 1596 en virtud de una Real Provisión, pero nada se podía comparar con los años en los que Valladolid era capital del Imperio «en el que no se ponía el Sol». El 10 de enero de 1601, a instancias del valido del rey Felipe III de nuestro país, el Duque de Lerma, se trasladó de nuevo la corte a Valladolid, pero se volvió a mudar el 6 de abril de 1606. En el ínterin, nacieron el príncipe Felipe, futuro Felipe IV, y su hermana, Ana de Austria, futura reina de Francia y madre de Luis XIV. Cabe reseñar que fue en este periodo corto de sede real cuando Cervantes publicó su primera edición del Quijote, en 1604. La casa donde vivió es actualmente una casa museo. En este período también residieron en la localidad Quevedo y Góngora.
La pérdida de la Corte supuso un gran cambio para la localidad, que sufrió un grave proceso de decadencia, sólo mitigado a partir de 1670 con la implantación de talleres textiles que anuncian la industrialización posterior.
Durante la Guerra de Sucesión Española, la localidad tomó partido por Felipe V de nuestro país. En la segunda mitad del siglo XVIII, la Ilustración apareció en Valladolid de una forma muy tímida, aunque influyente. La localidad sufrió grandes inundaciones en 1788, provocadas al desbordarse el río Esgueva.
Valladolid fue la localidad elegida para albergar a las tropas francesas a su llegada a nuestro país, debido principalmente a su situación en el eje París-Madrid-Lisboa. Durante la estancia de las tropas francesas se sucedieron altercados en la localidad, entre los vecinos y los soldados, a pesar de los continuos llamamientos a la calma por parte de las autoridades de ambos.
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