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La Grande y Felicsima Armada, conocida comnmente como Armada Invencible o Armada Espaola, fue el nombre que dio Felipe II a la gran flota que arm en 1588 para apoyar la invasin de Inglaterra durante la Guerra anglo-espaola de 1585-1604. El envo por parte de Felipe II de esta flota, con la intencin de aprovisionar a los Tercios de Flandes los cuales seran los encargados de invadir la isla y controlar as la poltica exterior inglesa, supuso el comienzo de las hostilidades de una guerra en la que finalmente nuestro pas consigui que Inglaterra solicitara la paz y firmara un tratado favorable a los intereses de la monarqua hispnica en Londres. No obstante, esta campaa naval tradicionalmente se viene considerando como una derrota espaola y a la luz de las ltimas investigaciones histricas no fue tal, a menos que se considere eso a no conseguir los objetivos que tena previstos debido al extravo de los navos en el temporal y no como consecuencia de numeroso hundimientos o de batalla entre los dos titanes que impidiera el desembarco de 30.000 hombres en las costas inglesas. Aun as, despus del fuerte temporal frente a Escocia e Irlanda, ms del 80% de los navos llegaron a las costas espaolas. Sin embargo, la supremaca espaola en los mares permanecera indiscutida hasta la Batalla de las Dunas. Por otra parte su posicin como primera flota del mundo se afianz an ms cuando los ingleses crearon su Armada Inglesa un ao despus de esta operacin, y fracasaron igualmente frente a las costas de Galicia y Lisboa.

Deba mandarla el almirante de Castilla Don lvaro de Bazn, marqus de Santa Cruz, pero muri poco antes de la partida de la flota, siendo sustituido a toda prisa por Alonso Prez de Guzmn, Grande de nuestro pas. Estaba compuesta de unos 127 barcos.

La idea era recorrer el Canal de la Mancha y recoger un ejrcito espaol de 30.000 hombres dirigido por Alejandro Farnesio ; stos pasaran el canal en barcazas protegidos por la flota para desembarcar en la costa del condado de Kent.

El 19 de febrero de 1588, Alonso Prez de Guzmn recibe el anuncio de la muerte del Marqus de Sta. Cruz y la orden de partir a Lisboa. La Grande y Felicsima Armada se queda sin el arquitecto que la dise y Felipe II encomienda el mando de la empresa a Alonso Prez de Guzmn el Bueno y Ziga, VII Duque de Medina-Sidonia, quizs por razones ms polticas que militares, quien no tiene menos reparos en la misin que su predecesor.

Apenas hubo zarpado la Armada, las galernas dispersaron la flota frente a La Corua, empujando a algunos barcos hasta el sureste de Inglaterra, y a otros hacia el golfo de Vizcaya. Llev ms de un mes volver a reunir la flota. Por su parte, el duque de Medina-Sidonia volvi a aconsejar una vez ms al rey que desistiese de la empresa o que le relevase del mando.

Al mismo tiempo, los ingleses enviaron a la desesperada una flota de guerra destinada a enfrentarse a la Gran Armada mientras sta se hallaba amarrada en La Corua, pero las condiciones meteorolgicas eran tan malas que los ingleses ni siquiera consiguieron llegar a nuestro pas y hubieron de regresar a sus puertos.

A partir del 22 de julio, cuando alcanzaron el golfo de Vizcaya, las fuertes tormentas y el estado de la mar provocaron que para el 28 del mismo mes una parte de la flota se hubiera perdido y separado del resto.

Tuvieron que pasar otros dos das ms para que los barcos perdidos regresaran al grueso de la flota. Desafortunadamente para ellos ya haban sido avistados por el barco ingls Golden Hind, comandado esta vez por Thomas Fleming, quien tuvo tiempo de dar la voz de alarma mientras la «Grande» an se recompona.

Cuando la Armada alcanzaba la altura de Fowey, los faros costeros ingleses ya anunciaban su presencia.

Lo que s es cierto y un hecho es que la flota inglesa fondeada en Plymouth no tena posibilidades de zarpar, ya que ni el tiempo ni la mar se lo permitan en ese momento. Con la brisa en contra y la subida de la marea, la flota inglesa se encontraba atrapada en el puerto. Por otra parte en esos mismos instantes la Armada Invencible navegaba viento a favor, a barlovento.

Algunos historiadores, muchos de los cuales basan la derrota en la incompetencia de Medina-Sidonia, afirman que el segundo al mando, Flores Valds, sugiri al comandante de la flota copar a los ingleses mientras se encontraban incapacitados en el puerto. Pero es de suponer, y no deja de ser otra conjetura aunque probable, que Medina-Sidonia, llevado por la obediencia ciega a su rey, tena unas directrices inamovibles a seguir: «reunirse a toda costa con las tropas que esperaban en Flandes y lanzarse sobre Inglaterra en cuanto les fuera posible».

A todas luces era un plan simple que aquella inmensa y potente flota podra completar sin problemas, dada la estimacin hecha sobre la flota enemiga.

Parece habitual que se mencione reiteradamente dicha incompetencia de Medina-Sidonia, pero por otro lado, algunos autores consideran que siempre actu eligiendo la mejor y ms coherente de las opciones para la flota. As, en definitiva, no parece haber constancia de la advertencia del segundo sobre atacar a la flota inglesa en puerto y las afirmaciones, quizs exageradamente humildes dado su carcter modesto y obediente, de Alonso Prez de Guzmn sobre s mismo pudieron contribuir a esta idea de incompetencia sobre su liderazgo de la flota en materia militar.

El 31 de julio, la flota inglesa comienza a avasallar tmidamente a la Armada Invencible y, al margen de los primeros contactos y estimacin del podero adversario, se realizan por parte inglesa los primeros ataques con tmidos caoneos a larga distancia. En una de estas refriegas ocurren dos accidentes no tan destacables para la «Grande» como el botn conseguido por los ingleses: se pierden dos galeones espaoles, el navo insignia de Pedro de Valds al mando de la flota andaluza San Salvador y el Nuestra Seora del Rosario.

En el primero parece ser que explota la santabrbara del buque, el pnico y desconcierto del personal a bordo hacen que ste se entregue y quede a merced de Drake. De nuevo, algunas leyendas afirman que fue la consecuencia de un acto de sabotaje ingls, pero tampoco hay constancia de nada que se parezca a este hecho.

El otro galen, el Nuestra Seora del Rosario, en una maniobra de abordaje sobre un navo ingls, choca con otro barco espaol, quedando inutilizado su mstil y, por lo tanto, sin posibilidad de hacer frente a ningn ataque... Corre la misma suerte que el San Salvador, queda a merced de los ingleses junto con su tripulacin y ambos acaban en los puertos de Weymouth y Dartmouth, respectivamente.

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