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LluíƒÂ­s Llach Grande es un míƒÂºsico y cantautor catalíƒÂ¡n que perteneciíƒÂ³ al grupo de Els Setze Jutges y que puede considerarse como uno de los abanderados de la Nova CaníƒÂ§íƒÂ³. Como artista comprometido, ha sido un referente, no síƒÂ³lo musical, sino tambiíƒÂ©n intelectual de tres generaciones.

Su canciíƒÂ³n míƒÂ¡s popular y míƒÂ¡s comprometida ha sido L'Estaca compuesta en el aíƒÂ±o 1968, que el sindicato polaco Solidaridad adoptíƒÂ³ como himno, asíƒÂ­ como en 1997 tambiíƒÂ©n se convirtiíƒÂ³ en el himno oficial del club de rugby Union Sportive Arlequins Perpignan de PerpiíƒÂ±íƒÂ¡n. Por las diferentes prohibiciones que le hicieron para poder interpretar sus canciones durante la dictadura franquista, tuvo que exiliarse durante un tiempo en ParíƒÂ­s. En septiembre de 1979 es el primer cantante no operíƒÂ­stico, que actuíƒÂ³ por primera vez en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, para presentar Somniem.

Es hijo de un míƒÂ©dico de pueblo, Josep Maria Llach, de familia de terratenientes, destinado en el pueblo ampurdaníƒÂ©s de Verges, y de madre maestra, Maria Grande, surgida en Porrera que habíƒÂ­a recibido una educaciíƒÂ³n burguesa en Barcelona. ViviíƒÂ³ su infancia en este pequeíƒÂ±o pueblo emplazado en el Bajo AmpurdíƒÂ¡n, comarca de la que siempre se ha declarado un enamorado. No ha perdido nunca estas raíƒÂ­ces y todavíƒÂ­a hoy participa cada Semana Santa en la famosa procesiíƒÂ³n de la Danza de la Muerte y tiene una residencia en el pueblo vecino de ParlavíƒÂ .

SegíƒÂºn palabras del propio LluíƒÂ­s Llach, la persona que introdujo la míƒÂºsica en su casa fue su madre. Tanto LluíƒÂ­s como su hermano Josep Maria comenzaron tocando una guitarra, hasta que a la edad de cuatro aíƒÂ±os aparece un piano, con el que LluíƒÂ­s empezíƒÂ³ a componer sus primeras melodíƒÂ­as aproximadamente dos aíƒÂ±os míƒÂ¡s tarde. Observando el buen oíƒÂ­do de su hijo, los padres confiaron su educaciíƒÂ³n musical a Quim Gil, con respecto al solfeo, y a Lau Roure y su esposa Montserrat Puigdemont.

En 1957, a la edad de nueve aíƒÂ±os, se traslada a Figueras para continuar sus estudios, internado en el colegio de La Salle, donde se refugia en el mundo de la míƒÂºsica, pasando horas y horas solo delante del piano. El contrapeso en este mundo solitario lo encuentríƒÂ³ en los veranos, yendo al pueblo de la madre, Porrera, donde conociíƒÂ³ a Jorgina DomíƒÂ¨nech, quien lo acercíƒÂ³ a la míƒÂºsica de los chansonniers franceses, y de manera especial, a la de Jacques Brel. A ella le dedicíƒÂ³ en 1968 la canciíƒÂ³n de amor Per un tros del teu cos. Sin embargo, su primera canciíƒÂ³n, Que feliíƒÂ§ era, mare, con letra de su hermano, es de alrededor de 1965.

Su debut lo hizo el 22 de marzo de 1967 en Tarrasa, concierto en el cual, segíƒÂºn ha explicado a menudo, se pasíƒÂ³ todo el tiempo con los ojos cerrados y con las piernas temblando. En noviembre del mismo aíƒÂ±o, actuíƒÂ³ junto a Raimon en la plaza de toros de las Arenas de Barcelona.

En 1968, aíƒÂ±o del mayo francíƒÂ©s, del cual se considera hijo, es para Llach el de la llegada del íƒÂ©xito popular con L'Estaca. Los censores aprobaron esta canciíƒÂ³n la octava vez que Llach la presentíƒÂ³, pero, fue aprobada con otro nombre, "Ahir". Este himno de reivindicaciíƒÂ³n fue prohibido el aíƒÂ±o siguiente, pero ya era un canto popular. Joan Molas y NíƒÂºria Batalla se convirtieron en sus representantes, contrato que perduríƒÂ³ hasta diciembre de 1990.

En noviembre participíƒÂ³ en el Festival de la CanciíƒÂ³n de Barcelona con la canciíƒÂ³n A cara o creu, interpretada tambiíƒÂ©n por Dolors Lafitte y compuesta por Josep Maria Andreu y LleíƒÂ³ Borrell)[11]

El aíƒÂ±o siguiente, grabíƒÂ³ su primer LP: Els íƒÂ¨xits de LluíƒÂ­s Llach, reeditado posteriormente con el tíƒÂ­tulo Les seves primeres caníƒÂ§ons. La popularidad del cantante fue subiendo y con el tema Irene, ya con la discogríƒÂ¡fica Movieplay y la producciíƒÂ³n musical de Joan Molas, alcanzíƒÂ³ las 100.000 unidades vendidas.Irene naciíƒÂ³ de un desengaíƒÂ±o amoroso con una chica francesa que veraneaba en La Escala y que le abriíƒÂ³ las puertas de todos los cambios que se estaban produciendo en Francia. Si Irene representa una canciíƒÂ³n de indudable í‚«ganchoí‚» comercial, es tambiíƒÂ©n un interesante retrato de las inquietudes de la juventud de aquel momento, como lo son tambiíƒÂ©n Despertar y Res no ha acabat, mientras que Temps i temps... fue, posiblemente, la mejor de todas las canciones interpretadas hasta entonces por LluíƒÂ­s Llach. Todas las canciones fueron escritas por el propio intíƒÂ©rprete, a excepciíƒÂ³n de la íƒÂºltima, con letra de Josep Maria Andreu y míƒÂºsica de Llach.

El 13 de diciembre de 1969, se presentíƒÂ³ en solitario en el Palacio de la MíƒÂºsica Catalana, donde se consolidíƒÂ³ como uno de los mejores cantautores del momento con una popularidad creciente en todos los niveles. En este recital L'Estaca fue cantada solamente por el píƒÂºblico, ya que estaba prohibida. El disco Ara i aquíƒÂ­ recoge en directo su actuaciíƒÂ³n. El 26 de diciembre cantíƒÂ³ por primera vez con Laura Almerich, una parte fundamental de su acompaíƒÂ±amiento musical durante toda su carrera.

LluíƒÂ­s Llach empezíƒÂ³ a tener un extenso y variado repertorio con canciones como Que feliíƒÂ§ era, mare!, La meva terra, Res no ha acabat, Jo síƒÂ©, Damunt d'una terra, El dia, Cant miner, Cels trencats, Cal que neixin flors a cada instant, El bandoler, Per un tros del teu cos, Irene, Jo tambíƒÂ© he dormit a l'alba, Tot sovint escolto hist탲ries que em parlen d'esclaus, Cop de destral, Aquell vaixell, Respon-me, Cinquanta estrelles, y con la interpretaciíƒÂ³n de L'estaca con míƒÂºsica sola.

Poseedor de una singular personalidad artíƒÂ­stica, conocedor como pocos de la autíƒÂ©ntica sensibilidad popular y hombre consciente de su papel social como autor e intíƒÂ©rprete de nuevas canciones populares, LluíƒÂ­s Llach era, posiblemente, una de las míƒÂ¡s sugestivas personalidades de la míƒÂºsica míƒÂ¡s moderna popular de aquellos momentos.

A partir de ese momento, Llach es víƒÂ­ctima de prohibiciones y persecuciíƒÂ³n intelectual. En noviembre de 1970, viajíƒÂ³ a Cuba y participíƒÂ³ en un recital donde criticíƒÂ³ la políƒÂ­tica de Franco, lo que provocíƒÂ³ que el embajador espaíƒÂ±ol abandonase la sala. De regreso, y tras ser aplazado repetidas veces, el 6 de diciembre, LluíƒÂ­s hizo su debut en el teatro Monumental de Madrid, el primer recital íƒÂ­ntegramente en catalíƒÂ¡n en un local comercial. Ambos hechos le ocasionaron duras prohibiciones: durante cuatro aíƒÂ±os no podríƒÂ­a cantar en EspaíƒÂ±a, salvo CataluíƒÂ±a. El 12 de diciembre se le prohibiíƒÂ³ un recital en la final del I Premio RevelaciíƒÂ³n de CanciíƒÂ³n en la Comunidad Valenciana, en Valencia, donde participaba como artista invitado. Su situaciíƒÂ³n profesional se hace insostenible y decidiíƒÂ³ exiliarse a ParíƒÂ­s junto a sus representantes. Teresa Rebull lo presentíƒÂ³ a Paco IbíƒÂ¡íƒÂ±ez y a Mikis Theodorakis.

En 1972 se publicíƒÂ³ su tercer disco de larga duraciíƒÂ³n Com un arbre nu, y los aíƒÂ±os 1973 y 1974 consiguiíƒÂ³ su consagraciíƒÂ³n fuera de CataluíƒÂ±a con sus actuaciones en el Olympia de ParíƒÂ­s. El disco constaba de nueve canciones de contextura diferente pero unidas por el mismo espíƒÂ­ritu y engarzadas en una sola unidad homogíƒÂ©nea. Es, sin duda, el volumen míƒÂ¡s interesante por su concepciíƒÂ³n y uno de los mejor logrados de cuantos se habíƒÂ­an creado en el paíƒÂ­s íƒÂºltimamente. Es, ademíƒÂ¡s, un todo armíƒÂ³nico ya que no se puede en rigor destacar una canciíƒÂ³n por encima de las otras en una estimaciíƒÂ³n cualitativa, ni se haya en el trabajo global de LluíƒÂ­s Llach el menor desequilibrio tanto en la construcciíƒÂ³n de los textos como las sus partituras.

El debut en ParíƒÂ­s se llevíƒÂ³ a cabo el 21 de enero de 1973, y los críƒÂ­ticos dijeron que fue una de sus mejores actuaciones hasta entonces. Aunque el píƒÂºblico era predominantemente catalíƒÂ¡n, tambiíƒÂ©n asistieron muchos franceses, y significíƒÂ³ el triunfo definitivo tanto de LluíƒÂ­s Llach como de la Nova CaníƒÂ§íƒÂ³ en ParíƒÂ­s.

A lo largo de casi dos horas de actuaciíƒÂ³n, el joven y entusiasta cantautor ampurdaníƒÂ©s ofreciíƒÂ³ un magníƒÂ­fico recital, todo íƒÂ©l cuajado de aciertos. Partiendo de un soporte en apariencia míƒÂ­nimo, acompaíƒÂ±íƒÂ¡ndose íƒÂ©l mismo a la guitarra, en algunas ocasiones al piano, con el apoyo instrumental de Laura Almerich en la guitarra, Rafael Ortiz al contrabajo y Jordi Enero al trombíƒÂ³n, el violíƒÂ­n y la percusiíƒÂ³n, fue una muestra muy elocuente de sus extraordinarias condiciones como autor e intíƒÂ©rprete en la líƒÂ­nea que hacíƒÂ­a ya media docena de aíƒÂ±os que iba cultivando dentro y fuera de CataluíƒÂ±a.

Durante su estancia en Francia, volviíƒÂ³ en ocasiones muy concretas y tambiíƒÂ©n cantíƒÂ³ en Suiza, Alemania y MíƒÂ©xico. Precisamente durante su estancia en MíƒÂ©xico, apareciíƒÂ³ en CataluíƒÂ±a el esperado disco "long play" en el que se recoge buena parte de la actuaciíƒÂ³n de Luis Llach en el famoso Olympia. Aunque la mayoríƒÂ­a de las canciones del íƒÂ¡lbum ya habíƒÂ­an sido grabadas en anteriores discos, este volumen incluye un interíƒÂ©s renovado, y no síƒÂ³lo como documento sonoro de una efemíƒÂ©ride destacable, sino tambiíƒÂ©n por la misma satisfacciíƒÂ³n que produce su audiciíƒÂ³n intríƒÂ­nseca. LluíƒÂ­s Llach canta con nervio, con temple y con profundo poder de convicciíƒÂ³n, y no es simplemente el í‚«cíƒÂ³moí‚» sino tambiíƒÂ©n el í‚«quíƒÂ©í‚» -y diríƒÂ­amos que muy especialmente el í‚«porqueí‚»-, ya que en las canciones hay como una fuerza contenida que, por lo mismo, resulta incontenible.

DespuíƒÂ©s de cuatro aíƒÂ±os de ausencia en Barcelona, salvo pequeíƒÂ±os recitales en sus comarcas, el 2 de febrero y 3 de febrero de 1974 vuelve a actuar en el Palacio de la MíƒÂºsica para presentar en directo las canciones de su nuevo disco I si canto trist. Este disco lleva por tíƒÂ­tulo el nombre de una canciíƒÂ³n que Llach compuso poco despuíƒÂ©s de la muerte de Salvador Puig Antich. Los recitales tuvieron una muy buena recepciíƒÂ³n tanto de píƒÂºblico como de críƒÂ­tica, que le reconociíƒÂ³ un gran paso en su madurez artíƒÂ­stica, destacando especialmente su paso de la guitarra al piano y que por primera vez hubiera optado por musicar textos ajenos. Las colas llegaron a ser excepcionales y todo el mundo coincidíƒÂ­a en que la serie de recitales podíƒÂ­a haberse alargado una semana míƒÂ¡s.

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