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El Teatro Real es el teatro de la ópera de Madrid y está considerado como uno de los más destacables de nuestro país, siendo reseñable la presencia habitual de la Familia Real Española en sus representaciones. Está emplazado en la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real, y es uno de los monumentos más emblemáticos de la localidad.
El rey Fernando VII promovió la construcción en Madrid de un teatro de ópera incluido enl proyecto de remodelación de la Plaza de Oriente. Para ello, se ordenó la demolición del antiguo Teatro de los Caños del Peral. El proyecto se encargó al arquitecto Antonio López Aguado que diseñó un edificio con forma hexagonal irregular, cuya fachada principal miraría a la Plaza de Oriente y la otra, de menor empaque, recaería sobre la actual Plaza de Isabel II. La escasez de fondos de la Casa Real impide que las obras comiencen antes de 1830. A la muerte del arquitecto, el proyecto es asumido por Custodio Teodoro Moreno. Tras la subida al trono de la reina Isabel II, numerosos acontecimientos políticos y burocráticos paralizaron la ejecución del proyecto, hasta que el 7 de mayo de 1850, una Real Orden impulsa las obras del Teatro y se exige que deben terminarse en un plazo de seis meses.
El Teatro se inauguró el 19 de noviembre de 1850, coincidiendo con la onomástica de la soberana. La obra elegida fue La favorita de Donizetti y actuaron artistas de renombre, como la soprano Marietta Alboni o el director de orquesta Michele Rachele.
En la decoración interior trabajaron los artistas y decoradores más destacables de la época como Rafael Tejeo, Eugenio Lucas, que pintó los techos, o Humanité-René Philastre, que diseñó el telón de boca. Aparte del coso teatral, con capacidad para 2.800 espectadores, había dos salones de baile, tres salones de descanso, una confitería, un café, un tocador y un guardarropa. Todas estas comodidades se habían copiado de grandes teatros europeos como el San Carlo de Nápoles o La Scala de Milán.
Tras las pérdidas que ocasionó la primera temporada, y debido al enorme coste que tenía una representación, en torno a 1.200.000 reales y a las deudas por su construcción, el Gobierno decidió el trasladar la gestión del teatro a manos privadas, mediante concesión. Durante los años sucesivos se fueron alternando diferentes empresarios privados, que solían abandonar la gestión tras sufrir enormes pérdidas. El primero fue el conocido libretista y compositor italiano Temistocle Solera. La segunda temporada se inició con la representación de Los mártires, de Donizetti. Fue una temporada breve con tan solo 69 representaciones, con gran éxito entre la aristocracia madrileña que disfrutaba con la asistencia a la ópera como la alta sociedad parisina.
Estas primeras temporadas están dominadas por las óperas de Donizetti y Bellini, con presencia también de Rossini y Verdi, que pronto se convirtió en el compositor favorito del público madrileño. La visita de Verdi al teatro, con motivo del estreno en nuestro país de su obra La forza del destino en 1863, fue todo un acontecimiento social en el Madrid de la época. A pesar de que, por contrato, los empresarios estaban obligados a presentar al menos una obra de autor español en cada temporada, normalmente se evitaba el cumplimiento de este compromiso. Una de las primeras representación de una ópera española fue el 26 de abril de 1854, con Ildegonda, de Emilio Arrieta.
Cada uno de los ciclos tenía un promedio de 120 representaciones, la mayoría óperas, ballets y conciertos. La plantilla del teatro ascendía a 447 empleados, más los artistas que participasen en las obras concretas. Como anécdota, el joven Emilio Castelar realizó su primer gran discurso desde uno de los palcos de este teatro, en 1854.
Los años de esplendor del Teatro Real se inician el el ultimo cuarto del siglo XIX. Se presentan el el teatro las voces más prestigiosas del panorama europeo, como Adela Borghi, Adelina Patti, Giulia Grisi, Christina Nilsson, Luisa Tetrazzini, Mattia Battistini, Gaetano Fraschini, Julián Gayarre, Mario de Candia, Angelo Masini, Francesco Tamagno o Enrico Tamberlick. Se producen representaciones memorables, como la del 23 de diciembre de 1880, en la que Patti y Gayarre cantaron Lucia di Lammermoor, de Donizetti. El propio Gayarre protagonizó uno de los episodios históricos del teatro al manifestar durante una representación de Los pescadores de perlas, en diciembre de 1889, los primeros síntomas de la pulmonía que le llevaría a la muerte un mes más tarde.
En 1876 se representa por primera vez en el Teatro una ópera de Wagner, Rienzi, aún lejos del gran éxito que tendrían sus composiciones en este teatro quince años más tarde. En esta etapa, grandes compositores españoles como Tomás Bretón, Ruperto Chapí o Emilio Serrano pueden ver sus obras representadas en el Real.
En el primer cuarto del siglo XX destaca la presencia en el Real de grandes cantantes españoles, como María Barrientos, Ofelia Nieto, íngeles Ottein, María Gay, Miguel Fleta, Hipólito Lázaro o Francisco Viñas. También las grandes figuras líricas extranjeras. Dominan ahora el repertorio las óperas de Puccini y Wagner. La Filarmónica de Berlín da conciertos en el teatro, dirigida por Arthur Nikisch, en 1901 y Richard Strauss, en 1908.
.A partir de entonces, el teatro sufre poco a poco un enorme declive, ya que a pesar de la representación de grandes óperas y la dirección de habilidosos conservadores como Andrés Coello, las crisis económico y financiero-políticas y diversos factores causaron su ruina. Pero se volvio a levantar durante años un sólido proyecto en el que Rafael Calleja Gómez y Luis París son participes, las mejores óperas de Europa son traducidas y estrenadas gracias a José María Alvira, el maestro de su academia, y otros maestros y el coliseo goza de momentos de gloria, como cuando vio pasar por su escenario al gran bailarín Nijinsky, en la que sería una de sus últimas actuaciones, en 1917, o como cuando Igor Stravinski dirigió en persona su ballet Petrushka, en el año 1921, ambos integrados en la compañía de los Ballets Rusos de Sergéi Diágilev, que visitaron el teatro algunas veces, con gran éxito.
El 6 de noviembre de 1925, el Teatro Real se cierra por Real Decreto, ya que corría el peligro de derrumbarse debido a las obras del Metro que se hacían en sus inmediaciones, suspendiéndose la nueva temporada que estaba a punto de iniciarse.
A pesar del cierre del teatro en 1925, el gobierno siempre barajó la posibilidad de remodelarlo y volverlo a abrir, creando numerosos proyectos como el que se encargó al arquitecto Antonio Flórez Urdapilleta, quien planteó una remodelación faraónica del edificio. Sin embargo, las dificultades económicas impidieron la realización de estos proyectos, que se quedaron en simples restauraciones. El teatro permaneció cerrado, y la falta de uso, y algunos incidentes, como la explosión de un polvorín que se había instalado en su interior, al final de la Guerra Civil, lo condujeron a un estado casi ruinoso.
Tras la guerra, se planteó seriamente la demolición del edificio, mientras que la Fundación Juan March promovió la construcción de un nuevo teatro de ópera en el Paseo de la Castellana. Simultáneamente, se planteó la remodelación del Real como sala de conciertos, para servir de sede a la Orquesta Nacional. El proyecto se encargó al arquitecto José Manuel González Valcárcel, y la reapertura se produjo en 1966, incluyendo en el edificio las instalaciones del Conservatorio de Música. Para este evento, se realizó un concierto de la Orquesta Nacional y el Orfeón Donostiarra al que asistieron el dictador Francisco Franco, los príncipes Juan Carlos y Sofía, la Reina de Grecia y su hija Irene. Desde esa fecha hasta 1988 fue la única sala de conciertos de Madrid. En 1969 acogió el XIV Festival de Eurovisión con un decorado diseñado por Salvador Dalí.
De 1991 a 1997, los arquitectos José Manuel González Varcárcel y Francisco Rodríguez de Partearroyo llevaron a cabo sus obras de reconversión del Teatro en una sala operística. Se tuvo que reformar el escenario, que posee 1.430 metros cuadrados encuadrados en un arco de 18x24 metros, a lo que hay que añadir una compleja y sofisticada constitución técnica. Por otra parte, se redecoraron todos los espacios del edificio. Para la Sala Principal se mantuvo la estructura, de estilo italiano, y se recuperó la decoración original de 1850. El aforo máximo es de 1.746 localidades.
El teatro dispone, en el mismo edificio, de salas de ensayo acondicionadas para la orquesta, el coro y el cuerpo de baile, así como una sala de ensayos de escena de las mismas dimensiones del escenario principal. Los artistas disponen también de algunas salas de ensayo individuales. También contiene talleres de sastrería, peluquería, caracterización, utilería y montaje de escenografías. El público también dispone de un restaurante, una cafetería, una sala de proyecciones y una tienda.
El nuevo teatro abrió de nuevo sus puertas el 11 de octubre de 1997, en una función de gala presidida por los Reyes de nuestro país, en la que se representaron dos obras de Manuel de Falla, el ballet El sombrero de tres picos y la ópera La vida breve, puesta en escena por Francisco Nieva. Ambas fueron dirigidas por el nuevo director musical del Teatro, Luis Antonio García Navarro.
Hoy en día el Real es uno de los principales teatros operísticos de Europa, cuyas temporadas acogen magníficas producciones en las que participan primeras figuras internacionales del canto, la dirección musical, la dirección de escena y la danza. Entre los mayores éxitos de esta etapa destacan los protagonizados por los tenores Juan Diego Flórez, Aquiles Machado o José Bros, los barítonos José van Dam, Leo Nucci o Carlos ílvarez, los bajos Ruggero Raimondi o Matti Salminen, las sopranos María Bayo, Inva Mula, Cecilia Bartoli, Daniela Dessí¬, Norah Amsellem, Violeta Urmana o Edita Gruberova, los directores Mstislav Rostropovich, Daniel Barenboim, Claudio Abbado o Valeri Gergiev y los directores de escena Giancarlo del Monaco, Pier Luigi Pizzi, Hugo de Ana o Robert Carsen. Particularmente bien acogidas han sido las apariciones del tenor madrileño Plácido Domingo, quien en una de ellas, la representación de la ópera de Verdi Simon Boccanegra, cosechó 25 minutos de aplausos por parte del público.
Desde su reapertura como teatro de ópera, la orquesta titular es la Sinfónica de Madrid.
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