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El Teatro Real es el teatro de la ópera de Madrid y está considerado como uno de los más destacables de nuestro país, siendo reseñable la presencia habitual de la Familia Real Española en sus representaciones. Está emplazado en la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real, y es uno de los monumentos más emblemáticos de la localidad.

La reina Isabel II promovió la construcción en Madrid de un teatro de ópera para acoger a la corte. Para esta tarea, la corona cedió los solares del Caño del Peral, en la Plaza de Oriente, sin embargo numerosos acontecimientos polí­ticos paralizaron el proyecto, hasta que el 7 de mayo de 1850, una Real Orden impulsa las obras del Teatro y se exige que deben terminarse en un plazo de seis meses.

Los arquitectos fueron Don Antonio López Aguado y Don Custodio Moreno, encargados de crear un magní­fico edificio con forma hexagonal irregular. Su principal fachada mirarí­a a la Plaza de Oriente y la otra, de menor empaque, recaerí­a sobre la Plaza de Isabel II.

En la decoración interior trabajaron los artistas y decoradores más destacables de la época como Bravo, Rafael Tejeo y Lúcar. Aparte del coso teatral, habí­a dos salones de baile, tres salones, una confiterí­a, un café, un tocador y un guardarropa. Todas estas comodidades se habí­an copiado de grandes teatros europeos como el San Carlo de Nápoles o La Scala de Milán.

El teatro se inauguró el 10 de octubre de 1850, coincidiendo con el cumpleaños de la soberana. La obra elegida fue La favorita de Donizetti y actuaron artistas de renombre, como el soprano Alboni o el director de orquesta Michel Rochelle.

Debido al enorme coste que tení­a una representación, en torno a 1.200.000 reales y a las deudas por su construcción, el Teatro Real pasó a manos de una empresa privada, que impuso unos precios que oscilaban entre los 80 y los 100 reales.

La segunda temporada se inició con la representación de Los mártires, de Donizetti. Fue una temporada breve con tan solo 69 representaciones, con gran éxito entre la aristocracia madrileña que disfrutaba con la asistencia a la ópera como la alta sociedad parisina.

En estas primeras temporadas, además de Donizetti, triunfaron los compositores Verdi, Bellini y Rossini. Las óperas que el público acogió con más entusiasmo fueron La Traviata, Il Trovatore, Rigoletto y La forza del destino, pues el Bel canto gozaba de gran popularidad en nuestro país, en detrimento de la escuela alemana.

Cada uno de los ciclos tení­a un promedio de 120 representaciones, la mayorí­a óperas, ballets y conciertos. La plantilla del teatro ascendí­a a 447 empleados, más los artistas que participasen en las obras concretas. Como anécdota, el joven Emilio Castelar realizó su primer gran discurso desde uno de los palcos de este teatro, en 1854.

Bajo el reinado de la reina regente Marí­a Cristina de Habsburgo el Teatro Real remonta su crisis y goza de lo más selecto de la sociedad española del momento.

Tras encargar a José Marí­a Alvira la academia de canto para descubir nuevas voces, que la llevará desde los años noventa del siglo XIX hasta su cierre, el teatro goza de estrenos destacables y grandes actuaciones y temporadas. Voces como José Mardones, Tito Schippa, Titta Ruffo, Anselmi, Lauri-Volpi, Miguel Fleta, Ordoñez, Hipólito Lázaro, Marí­a Barrientos, Ofelia Nieto, Angeles Ottein, Marí­a Gay, Matilde Revenga y muchos otros deleitan al respetable. Los tí­tulos de éxito nada menos que Rigoletto, Otelo, Marina, Las bodas de figaro, Margarita la tornera, que le cuesta a Ruperto Chapí­ su vida por el esfuerzo que realizó en crearla, Colomba, La dolores, Loreley, La walquiria de Richard Wagner, Parsifal, La virgen de Mayo...Nunca ha estado este teatro más brillante en su historia que hasta mediados de la primera década del siglo XX.

Económicamente, el Teatro Real fue un fracaso, pues la mala gestión de las ventas y los pocos beneficios obtenidos obligaron a dejar otorgar a una compañí­a de ópera de Italia la exclusividad en las representaciones en el coso.

Las temporadas de 1854–1855 y 1855–1856 no llenaron el aforo y crearon serias deudas al teatro, por lo que se rebajaron las entradas del teatro con la intención de ampliar el público. Esto causó que la aristocracia y la alta burguesí­a dejasen de frecuentarlo, haciendo aún mayor el descalabro financiero.

En el año 1857 el teatro fue superando de la crisis, ya que recuperó su público. Se tuvieron que numerar los asientos y se dispuso la construcción de un Palco Real. La Casa Real intentó apoyar al teatro, con eventos como la función conmemorativa del nacimiento del Infante Don Alfonso el 28 de noviembre de 1857, pero no pudo evitar la gran quiebra de la temporada de 1858–1859.

A partir de entonces, el teatro sufre poco a poco un enorme declive, ya que a pesar de la representación de grandes óperas y la dirección de habilidosos conservadores como Andrés Coello, las crisis económico y financiero-polí­ticas y diversos factores causaron su ruina. Pero se volvio a levantar durante cerca de 50 años un sólido proyecto en el que Rafael Calleja Gómez y Luis Parí­s son participes, las mejores óperas de Europa son traducidas y estrenadas gracias a José Marí­a Alvira, el maestro de su academia, y otros maestros y el coliseo goza de momentos de gloria. En 1925, el Teatro Real se cierra por Real Decreto, ya que corrí­a el peligro de derrumbarse debido a las obras del Metro que se hací­an en sus inmediaciones.

A pesar del cierre del teatro en 1925, el gobierno siempre barajó la posibilidad de restaurarlo, creando numerosos proyectos como el que se encargó al arquitecto Flórez Urdanpilleta, quien planteó una remodelación faraónica del edificio. Sin embargo, las dificultades económicas impidieron la realización de estos proyectos y se llevó a cabo una simple restauración, auspiciada por la Fundación Juan March, para su reapertura en 1966 como sala de conciertos, incluyendo en el edificio las instalaciones del Conservatorio de Música. En 1969 acogió el XIV Festival de Eurovisión con un decorado diseñado por Salvador Dalí­.

Para este evento, se realizó un concierto de la Orquesta Nacional de nuestro país y el Orfeón Donostiarra al que asistieron el dictador Francisco Franco, los Prí­ncipes Juan Carlos y Sofí­a, la Reina de Grecia y su hija Irene.

De 1991 a 1997, los arquitectos Jaime González Varcárcel, Miguel Verdú Belmonte y Francisco Rodrí­guez Partearroyo llevaron a cabo sus obras de reconversión del Teatro en una sala operí­stica. Se tuvo que reformar el escenario, que posee 1.430 metros cuadrados encuadrados en una arco de 18x24 metros, a lo que hay que añadir una compleja y sofisticada constitución técnica. Por otra parte, se redecoraron todos los espacios del edificio.

Hoy en dí­a el Real es uno de los principales teatros operí­sticos de Europa, cuyas temporadas acogen magní­ficas producciones en las que participan primeras figuras internacionales del canto, la dirección musical, la dirección de escena y la danza.

A continuacion puedes leer mas sobre Teatro Real De Madrid. Justo debajo puedes ver mapas y fotos vía satélite del lugar


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