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San JeríƒÂ³nimo í‚«el Realí‚», conocido popularmente como í‚«Los JeríƒÂ³nimosí‚», fue uno de los conventos míƒÂ¡s destacables de Madrid. Junto a íƒÂ©l existíƒÂ­a el llamado Cuarto Real, luego ampliado como Palacio del Buen Retiro en tiempos de Felipe IV.

Del convento subsisten actualmente la iglesia y un claustro, a espaldas del Museo del Prado. El claustro sufriíƒÂ³ un progresivo deterioro a lo largo del siglo XIX y tras un acuerdo con las autoridades eclesiíƒÂ¡sticas, fue recuperado e incorporado al Museo del Prado como parte de la ampliaciíƒÂ³n diseíƒÂ±ada por el arquitecto Rafael Moneo. Por su actual aspecto exterior, el claustro se conoce popularmente como í‚«El cubo de Moneoí‚».

Aunque anteriormente Enrique IV el Impotente habíƒÂ­a ya mandado construir otro monasterio de jeríƒÂ³nimos a orillas del ríƒÂ­o Manzanares en 1463, y poco despuíƒÂ©s, en 1470 habíƒÂ­a dotado a la congregaciíƒÂ³n de prebendas y privilegio para recaudar impuestos, es algo despuíƒÂ©s a finales del siglo XV cuando los Reyes CatíƒÂ³licos ordenan la construcciíƒÂ³n en Madrid de un monasterio de frailes jeríƒÂ³nimos que sirviera de aposento a la Familia Real en sus estancias en la villa. Este monasterio San JeríƒÂ³nimo se realizíƒÂ³ en estilo gíƒÂ³tico tardíƒÂ­o con influencias renacentistas.

En el siglo XVI, Felipe II amplíƒÂ­a el llamado Cuarto Real, unos aposentos destinados al alojamiento de los monarcas y que seríƒÂ­a germen del futuro Palacio del Buen Retiro que creceríƒÂ­a junto a San JeríƒÂ³nimo í‚«el Realí‚». El Cuarto Real estaba junto al lado del Evangelio del presbiterio, de tal suerte que el rey podíƒÂ­a escuchar misa desde su dormitorio, costumbre que tambiíƒÂ©n es patente en el diseíƒÂ±o y distribuciíƒÂ³n del Monasterio de El Escorial.

Durante la invasiíƒÂ³n napoleíƒÂ³nica de 1808, el monasterio y el Palacio del Buen Retiro quedaron gravemente daíƒÂ±ados por el ejíƒÂ©rcito invasor. Como consecuencia de esto y en afíƒÂ¡n de mantener lo que quedaba Fernando VII convierte el monasterio en cuartel de ArtilleríƒÂ­a. AíƒÂ±os despuíƒÂ©s, don Francisco de AsíƒÂ­s, consorte de Isabel II ordena a Narciso Pascual y Colomer la restauraciíƒÂ³n de la iglesia, fruto de la cual son las torres de su cabecera, que flanquean el íƒÂ¡bside. El complejo palaciego del Buen Retiro corriíƒÂ³ peor suerte: sufriíƒÂ³ tales daíƒÂ±os que se demoliíƒÂ³, a excepciíƒÂ³n del CasíƒÂ³n del Buen Retiro y el SalíƒÂ³n de Reinos.

Posteriormente, en 1878 se cede el templo al Arzobispado, que emprende nuevas reformas que lo dotaríƒÂ¡n de su aspecto actual, y en las que el interior seríƒÂ¡ completamente remodelado eliminíƒÂ¡ndose las tribunas del siglo XVI.

En San JeríƒÂ³nimo se celebríƒÂ³ el enlace matrimonial entre Alfonso XIII y Victoria Eugenia el 31 de mayo de 1906.

El 27 de noviembre de 1975 el Cardenal TarancíƒÂ³n presidiíƒÂ³ la Misa, votiva del EspíƒÂ­ritu Santo, en el comienzo del reinado de S.M. Juan Carlos I.

En las íƒÂºltimas díƒÂ©cadas, la iglesia y el vecino claustro contrastaban por su dispar estado de conservaciíƒÂ³n. La escalinata del templo presentaba un buen aspecto, pero el edificio acusaba el paso del tiempo; peor era la situaciíƒÂ³n del claustro, cuyos muros perimetrales se habíƒÂ­an desmoronado parcialmente, dejando al descubierto las columnas del interior. La maleza crecíƒÂ­a entre las ruinas, una situaciíƒÂ³n incomprensible para una de las zonas urbanas de Madrid míƒÂ¡s ilustres y míƒÂ¡s protegidas por la legislaciíƒÂ³n.

Al barajarse la necesaria ampliaciíƒÂ³n del Museo del Prado, el Ministerio de Cultura desechíƒÂ³ algunas opciones y eligiíƒÂ³ como la míƒÂ¡s factible y menos traumíƒÂ¡tica prolongar los espacios de la pinacoteca hacia los JeríƒÂ³nimos. Se recuperaba el solar del claustro, que quedaba conectado con la sede principal del museo de forma subterríƒÂ¡nea. Con esta intervenciíƒÂ³n, el edificio principal del Prado no sufríƒÂ­a la míƒÂ¡s míƒÂ­nima alteraciíƒÂ³n y la ampliaciíƒÂ³n hacia los JeríƒÂ³nimos permitíƒÂ­a cubrir el desnivel entre el Paseo del Prado y la calle Ruiz de AlarcíƒÂ³n.

El Ministerio de Cultura y la Iglesia de Madrid llegaron a un acuerdo, por el que el claustro pasaba a manos del Prado, a cambio de la construcciíƒÂ³n de una casa cural anexa y el remozamiento de las fachadas del templo.

Para la recuperaciíƒÂ³n del claustro, se desmontaron una a una las piedras de sus dos pisos de galeríƒÂ­as. Estos bloques fueron numerados y trasladados para su limpieza a las afueras de la localidad. Paralelamente, el solar del claustro fue excavado y vaciado, y quedaba conectado subterríƒÂ¡neamente con el nuevo atrio o recibidor pensado por Rafael Moneo a espaldas del edificio principal del Prado.

Culminada la obra, el claustro manteníƒÂ­a su patio interior, con sus arcos y columnas originales, y recuperaba su volumen exterior en forma de cubo, a lo que debe su nombre popular. Se utilizíƒÂ³ ladrillo rojo para las fachadas, a fin de que entonaran mejor con los edificios circundantes. Interiormente, el elemento míƒÂ¡s novedoso es un lucernario que atraviesa el edificio, desde el claustro hasta las plantas subterríƒÂ¡neas dedicadas a exposiciones. Han merecido tambiíƒÂ©n elogios las puertas de bronce de Cristina Iglesias, que conectan el edificio del claustro con la calle Ruiz de AlarcíƒÂ³n.

A continuacion puedes leer mas sobre San Jeronimo El Real. Justo debajo puedes ver mapas y fotos vía satélite del lugar


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