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El PanteíƒÂ³n de Hombres Ilustres de Madrid, es un edificio de estilo neobizantino obra del arquitecto Fernando ArbíƒÂ³s y Tremanti. Aunque en la actualidad síƒÂ³lo reposan en íƒÂ©l los restos mortales del que fuera presidente del consejo de ministros, JosíƒÂ© Candistancias, los monumentos funerarios que alberga son una interesante muestra de la obra de los mejores escultores espaíƒÂ±oles de la íƒÂ©poca.
Se haya ubicado en el barrio de PacíƒÂfico, entre la calle de JuliíƒÂ¡n Gayarre, por la que tiene su entrada, y el paseo de la Reina Cristina, junto a la BasíƒÂlica de Nuestra SeíƒÂ±ora de Atocha.
El 6 de noviembre de 1837 las Cortes Generales votaron el proyecto para convertir la iglesia de San Francisco el Grande en PanteíƒÂ³n Nacional de Hombres Ilustres, que acogeríƒÂa los restos mortales de los personajes considerados de especial relevancia en la historia de EspaíƒÂ±a, los cuales seríƒÂan elegidos por las Cortes pasados cincuenta aíƒÂ±os de su fallecimiento. Cuatro aíƒÂ±os despuíƒÂ©s, en 1841, la Real Academia de la Historia fue encargada de proponer una primera lista de personajes que debíƒÂa albergar el panteíƒÂ³n, pero no fue hasta el 31 de mayo de 1869 cuando se nombríƒÂ³ una comisiíƒÂ³n a la que se dio un mes para localizar los restos. Esta comisiíƒÂ³n estaba integrada por FerníƒÂ¡ndez de los RíƒÂos, Salustiano OlíƒÂ³zaga, FermíƒÂn Caballero, Hartzenbusch, Ruiz Aguilera, Silvela, Estanislao Figueras, Pere Borrell y Antonio Gisbert.
No pudieron ser hallados, y se dieron por perdidos, los restos de Cervantes, Lope de Vega, Luis Vives, Antonio PíƒÂ©rez, Juan de Herrera, VelíƒÂ¡zquez, Jorge Juan, Claudio Coello, Tirso de Molina, Juan de Mariana y Moreto. Finalmente, el 20 de junio de 1869, se inauguríƒÂ³ el panteíƒÂ³n. Formando una comitiva de cinco kilíƒÂ³metros, desfilaron las carrozas fíƒÂºnebres acompaíƒÂ±adas por bandas de míƒÂºsica, unidades del EjíƒÂ©rcito y de la Guardia Civil, estudiantes, religiosos, políƒÂticos e intelectuales. Se dispararon cien caíƒÂ±onazos y al entrar los restos en la basíƒÂlica se encendieron tres grandes líƒÂ¡mparas.
Los restos que acogiíƒÂ³ este primer panteíƒÂ³n fueron los de los poetas Juan de Mena, Garcilaso de la Vega y Alonso de Ercilla; los militares Gonzalo FerníƒÂ¡ndez de CíƒÂ³rdoba y Federico Gravina; el humanista Ambrosio de Morales; el Justicia Mayor de AragíƒÂ³n Juan de Lanuza; los escritores Francisco de Quevedo y Pedro CalderíƒÂ³n de la Barca; el políƒÂtico ZeníƒÂ³n de Somodevilla y Bengoechea y los arquitectos Ventura RodríƒÂguez y Juan de Villanueva.
Los restos fueron depositados en una capilla y aíƒÂ±os despuíƒÂ©s devueltos a sus lugares de origen, con lo que se cerríƒÂ³ por un tiempo la idea de crear un panteíƒÂ³n nacional.
Tras la Guerra de la Independencia, el convento de Nuestra SeíƒÂ±ora de Atocha, que habíƒÂa sido ocupado por las tropas francesas en 1808, quedíƒÂ³ muy deteriorado. No obstante, los dominicos volvieron a ocuparlo hasta ser exclaustrados en 1834, fecha en que abandonaron definitivamente el edificio, ya príƒÂ¡cticamente en ruinas. El convento pasíƒÂ³ a ser cuartel de InvíƒÂ¡lidos, por lo que varios de sus directores fueron enterrados allíƒÂ, entre ellos JosíƒÂ© de Palafox, Francisco CastaíƒÂ±os, Manuel GutiíƒÂ©rrez de la Concha y Juan Prim, ademíƒÂ¡s del políƒÂtico Antonio de los RíƒÂos Rosas.
Debido a estos enterramientos ya existentes, la reina regente MaríƒÂa Cristina, viuda del rey Alfonso XII, decidiíƒÂ³ que la basíƒÂlica que se habíƒÂa de construir en sustituciíƒÂ³n de la antigua, tuviera anexo un panteíƒÂ³n que diera acogida a estos restos. Se convocíƒÂ³ un concurso píƒÂºblico y en 1890 se eligiíƒÂ³ ganador el proyecto que, bajo el tíƒÂtulo Nigra sum sed fermosa, habíƒÂa presentado el arquitecto Fernando ArbíƒÂ³s y Tremanti. El conjunto, de estilo neobizantino, incluíƒÂa un campanil italiano, que albergíƒÂ³ un reloj de cuatro esferas y tres campanas, y el panteíƒÂ³n, que teníƒÂa caríƒÂ¡cter de claustro de la basíƒÂlica y se inspiraba en el camposanto del Campo dei Miracoli de la localidad italiana de Pisa. El proyecto era muy ambicioso pues la basíƒÂlica estaba destinada a ser el templo de la Corte y sede de las ceremonias religiosas reales.
En 1891 se comenzíƒÂ³ a construir el proyecto, del que a la postre síƒÂ³lo se alzaríƒÂan el panteíƒÂ³n y el campanil. El panteíƒÂ³n se erigiíƒÂ³ entre 1892 y 1899, díƒÂ¡ndose las obras por concluidas en este íƒÂºltimo aíƒÂ±o por lo elevado de su coste. El claustro/panteíƒÂ³n es de planta cuadrada, con tres galeríƒÂas con arcadas y vidrieras y dos cíƒÂºpulas semiesfíƒÂ©ricas en las esquinas. Sobre la puerta de entrada hay un frontíƒÂ³n. En el interior hay un pequeíƒÂ±o jardíƒÂn donde se ubica el mausoleo conjunto. Las galeríƒÂas poseen cada una una puerta central por la que se puede acceder al jardíƒÂn. Todo el conjunto estíƒÂ¡ rodeado por una verja de hierro.
En 1901 se trasladaron a íƒÂ©l los restos de Palafox, CastaíƒÂ±os, Concha, Prim y RíƒÂos Rosas. Los restos de Palafox fueron trasladados en 1958 a la BasíƒÂlica del Pilar de Zaragoza y los de CastaíƒÂ±os a la Iglesia Parroquial de la EncarnaciíƒÂ³n de BailíƒÂ©n en 1963.
En aíƒÂ±os posteriores recibieron sepultura en el nuevo emplazamiento los restos de los políƒÂticos Francisco MartíƒÂnez de la Rosa, Diego MuíƒÂ±oz-Torrero, Juan íƒÂlvarez MendizíƒÂ¡bal, JosíƒÂ© MaríƒÂa Calatrava, Salustiano OlíƒÂ³zaga, AgustíƒÂn ArgíƒÂ¼elles, Antonio CíƒÂ¡novas del Castillo, PríƒÂ¡xedes Mateo Sagasta, Eduardo Dato y JosíƒÂ© Candistancias. Salvo los de íƒÂ©ste íƒÂºltimo, los restos de los demíƒÂ¡s ya no reposan en el panteíƒÂ³n, ya que fueron reclamados por diversas localidades.
En 1924, sin seguir el proyecto original de ArbíƒÂ³s, se comenzíƒÂ³ la construcciíƒÂ³n de la nueva iglesia de los dominicos, para lo cual el rey Alfonso XIII cediíƒÂ³ los terrenos necesarios, encomendando a la comunidad el cuidado del campanil y del panteíƒÂ³n, hoy en díƒÂa pertenecientes a Patrimonio Nacional. Entre los aíƒÂ±os treinta y finales de los ochenta, el panteíƒÂ³n estuvo en estado de abandono. En 1970, en el terreno que quedaba libre entre ambos elementos, se construyíƒÂ³ el colegio Nuestra SeíƒÂ±ora de Atocha, dejando aislado el campanil, que ya no es accesible. A finales de los ochenta, Patrimonio Nacional procediíƒÂ³ a la restauraciíƒÂ³n y apertura al píƒÂºblico del panteíƒÂ³n, y en 2003 se restauraron los mosaicos interiores. Los arquitectos íƒÂlvaro Siza y Juan Miguel HerníƒÂ¡ndez de LeíƒÂ³n, en su plan Trajineros de remodelaciíƒÂ³n del eje Prado-Recoletos, que todavíƒÂa no ha comenzado a llevarse a cabo, han propuesto demoler el colegio para dar mayor visibilidad al panteíƒÂ³n.
JosíƒÂ© Candistancias, obra de Mariano Benlliure. Sobre una base de míƒÂ¡rmol blanco, dos hombres y una mujer, esculpidos en el mismo material, trasladan el cuerpo del políƒÂtico asesinado hacia su sepulcro, de manera similar a como en algunas obras se representa el traslado de Cristo, cuya figura aparece con los brazos abiertos recibiendo el cadíƒÂ¡ver. En la parte trasera, bajo una cruz, dos guirnaldas con hojas de laurel y encina, síƒÂmbolo de la inmortalidad.
Manuel GutiíƒÂ©rrez de la Concha, marquíƒÂ©s del Duero, de Arturo MíƒÂ©lida y Alinari y ElíƒÂas MartíƒÂn. El sepulcro, mural, semeja un retablo, con un arco bajo el cual aparece Marte, el dios de la guerra, que, con casco y actitud meditabunda, sostiene un clíƒÂpeo o medallíƒÂ³n con el busto en relieve de GutiíƒÂ©rrez de la Concha; el arcosolio inferior aparece velado o protegido por un leíƒÂ³n, síƒÂmbolo de la inmortalidad. El sepulcro es obra de MíƒÂ©lida y la estatua del dios de MartíƒÂn. Originalmente ubicado en la antigua basíƒÂlica, fue trasladado al panteíƒÂ³n en 1902.
PríƒÂ¡xedes Mateo Sagasta, de Mariano Benlliure. Realizado en míƒÂ¡rmol, el cuerpo yacente del políƒÂtico, con el toisíƒÂ³n de oro, tiene en su cabecera a la Historia, representada por una joven que cierra un libro. A los pies un obrero, síƒÂmbolo del pueblo, descansa apoyado sobre los Evangelios, como síƒÂmbolo de la verdad. Lleva en la mano derecha una espada con la Justicia esculpida en la empuíƒÂ±adura y una rama de olivo, síƒÂmbolo de la paz, sobre la hoja.
Eduardo Dato, de Mariano Benlliure, en míƒÂ¡rmol y bronce. Una mujer de luto alza una cruz sobre la efigie yacente del políƒÂtico, mientras a los pies de íƒÂ©ste dos amorcillos flanquean el escudo de EspaíƒÂ±a.
Antonio de los RíƒÂos Rosas, obra de Pedro Estany. Otro sepulcro mural, tipo retablo. Sobre una base de míƒÂ¡rmol, el sarcíƒÂ³fago en bronce del difunto, a cuya efigie, esculpida algo míƒÂ¡s arriba, un genio alado ofrece una rama de laurel. Una mujer llora abrazada al fíƒÂ©retro.
Antonio CíƒÂ¡novas del Castillo, de AgustíƒÂ Querol. TambiíƒÂ©n es de tipo retablo y todo de míƒÂ¡rmol blanco. CíƒÂ¡novas reposa sobre un sarcíƒÂ³fago en cuyo frente aparecen una joven abrazada y seis virtudes: Templanza, SabiduríƒÂa, Justicia, Elocuencia, Prudencia y Constancia. Sobre el fondo estíƒÂ¡n representados Cristo resucitado y la Patria, la Historia y el Arte lloran la muerte del políƒÂtico. Mide 8 m de ancho, 7 de alto y 2'78 de fondo.
Mausoleo Conjunto, de Federico Aparici, Ponciano Ponzano y Sabino Medina. Denominado Monumento a la Libertad, estíƒÂ¡ formado por un cuerpo cilíƒÂndrico cubierto por un tejado cíƒÂ³nico, rematado por una alegoríƒÂa de la Libertad esculpida por Ponzano. Tres estatuas de Medina, representando la Pureza, el Gobierno y la Reforma, se apoyan sobre los sarcíƒÂ³fagos de MendizíƒÂ¡bal, ArgíƒÂ¼elles y Calatrava, para cuyos restos estaba destinado el monumento, aunque luego acogiíƒÂ³ tambiíƒÂ©n los de MuíƒÂ±oz Torrero, MartíƒÂnez de la Rosa y OlíƒÂ³zaga. Fue inaugurado, por suscripciíƒÂ³n popular, el 20 de febrero de 1857 en el desaparecido cementerio de San NicolíƒÂ¡s y trasladado al panteíƒÂ³n en 1912.
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