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La Comunidad de Madrid es una comunidad autónoma de nuestro país situada en el centro de la Península Ibérica y, en ésta, en el centro de la Meseta Central. Bordea con las provincias de Guadalajara, Cuenca, Toledo, ívila y Segovia. La Comunidad de Madrid es uniprovincial, por lo que no existe Diputación. Su capital, Madrid, es también la capital de nuestro país. Su población estimada es de 6.445.499 personas registradas, la cual se concentra en el área metropolitana.
Esta comunidad, que forma parte del territorio histórico de la región de Castilla, posee una posición central en la red de medios de transportes de nuestro país. Posee una de las economías más destacables del país, condición motivada en gran parte por albergar la capital de la Nación. Y tras un crecimiento continuado durante la última década, acercándose a Cataluña, la 1ª economía española en PIB, en 2009 el PIB de Madrid representa ya el 18% del PIB de nuestro país, según el INE. Aunque según otro estudio, ya es la 1ª economía regional de nuestro país con un PIB de 211.174,5 mill. de euros. Asimismo, cuenta con un rico patrimonio artístico y natural.
La conformación de la actual comunidad autónoma vino precedida de un intenso debate político, en el contexto preautonómico de los últimos años setenta. En un principio, se planteó la posibilidad de que la provincia formara parte de la comunidad de Castilla-La Mancha, aunque con un estatuto especial, dadas sus especiales condiciones al albergar la capitalidad de la Nación. En el año 1981, se resolvió finalmente su desvinculación de esta región, heredera de la antigua Castilla la Nueva, a la que Madrid pertenecía desde el siglo XIX; y, en 1983, se constituyó la actual comunidad autónoma.
La Villa de Madrid fue elegida entonces capital de la comunidad, aunque han surgido diferentes iniciativas para que otras localidades alberguen la capitalidad. Es el caso de Alcalá de Henares, que presentó oficialmente su candidatura en los primeros años ochenta y, más recientemente, de Getafe, que en 2006 anunció su aspiración de arrebatarle el título de capital a la Villa de Madrid.
Entre todos estos hitos, la capitalidad se destaca como el de mayor determinación histórica, ya que se haya en el origen de la provincia madrileña, constituida en el marco de la división provincial de nuestro país en el siglo XIX. A este hecho se le añade, en el siglo XX, la condición metropolitana de Madrid, aspecto clave para su segregación de la antigua región de Castilla la Nueva, en la que Madrid estaba integrada, dados los fuertes desequilibrios sociales, económico y financieros y demográficos que Madrid introducía, y su configuración como comunidad uniprovincial.
El territorio actual de la Comunidad de Madrid estuvo habitado desde el Paleolítico Inferior, principalmente en lo que respecta a los valles interfluviales de los ríos Manzanares, Jarama y Henares, donde se han hallado abundantes y ricos yacimientos arqueológicos. Entre los vestigios más destacables que se han encontrado, destaca especialmente el vaso campaniforme de Ciempozuelos, que ha dado nombre a un tipo especial de cerámica
Durante el Imperio romano, la región quedó integrada en la provincia Citerior Tarraconense, excepto la parte suroccidental, en el Alberche, que pertenecía a la Lusitania. Estaba surcada por dos destacables calzadas romanas, la vía xxiv-xxix y la xxv, y contaba con algunas ciudads de importancia. La localidad de Complutum alcanzó cierta relevancia hasta el Bajo Imperio, mientras que Titulcia y Miaccum, al pie de la sierra, destacaron como cruces de trayectos.
En la época visigótica, la región perdió toda importancia. Su población se dispersó en pequeñas aldeas e, incluso, Complutum entró en decadencia. Alcalá de Henares fue designada sede episcopal en el siglo V, por orden de Asturio, arzobispo de Toledo, pero este hecho no fue suficiente para devolverle el esplendor perdido.
El centro peninsular fue una de las regiones más deshabitadas de Al-índalus hasta el siglo XI, cuando empezó a despuntar como un enclave militar de gran importancia estratégica. Los musulmanes pusieron en pie un sistema defensivo de fortalezas y atalayas, con el que intentaron detener el avance de los reinos cristianos, a lo largo y ancho del territorio actual de la comunidad autónoma.
La fortaleza de Mayrit se erigió en una fecha indeterminada entre los años 860 y 880, como un ribat, un recinto amurallado donde convivía una comunidad a la vez religiosa y militar, en lo que representa el núcleo fundacional de la localidad. Pronto se destacó como la fortificación de mayor valor estratégico en la defensa de Toledo, por encima de Talamanca de Jarama y de Qal'-at'-Abd-Al-Salam, los otros dos enclaves militares más destacables de ese sistema defensivo.
Alrededor de esas tres cabeceras principales, encargadas de defender los trayectos fluviales del Manzanares, del Jarama y del Henares, respectivamente, se construyeron algunas fortificaciones de carácter complementario —caso de Qal'-at-Jalifa —, así como una red de atalayas que permitía la vigilancia de los pasos —las de Torrelodones, El Vellón o El Berrueco, que aún continúan en pie, son algunas de ellas—. Estas torres-vigía se comunicaban entre sí mediante señales de humo, cuando se producían situaciones de alerta.
En 1083, el rey Alfonso VI tomó la localidad de Madrid y dos años después entró en Toledo. Por su parte, Alcalá de Henares sucumbió en 1118, en una nueva anexión del Reino de Castilla.
Las nuevas tierras conquistadas por los cristianos se disgregaron alrededor de varios dominios, como consecuencia de un largo proceso de repoblación, en el que entraron en conflicto los señores feudales o eclesiásticos y los diferentes concejos con potestad real para repoblar.
En primer lugar, en 1118 será reconquistada Alcalá de Henares y toda su Comunidad de Villa y Tierra. En 1135 la Tierra Complutense recibirá un compendio de leyes o fueros, denominado Fuero Viejo. Esto compensará en parte la integración de la Diócesis Complutense en el Arzobispado de Toledo en 1099. En 1223, el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada hará una modificación de estos fueros, en lo que se ha pasado a denominar Fuero Extenso. Será en 1509, cuando el Cardenal Cisneros creará un nuevo y actualizado fuero, el Fuero Nuevo, que estará vigente hasta el final del Antiguo Régimen. Estas leyes daban una autonomía legal completa a la Tierra de Alcalá.
En el siglo XIII, Madrid conservará, al igual que Alcalá, una personalidad jurídica propia, en primer término con el Fuero viejo y posteriormente con el Fuero Real, concedido por Alfonso X en 1262 y ratificado por Alfonso XI en 1339.
Buitrago de Lozoya, Alcalá de Henares y Talamanca de Jarama destacarán por su destacable capacidad rehabitadora hasta ese siglo.
La Tierra de Alcalá, área administrativa donde rigieron los fueros anteriormente citados, estaba conformada en su última fase por los siguientes municipios: Ajalvir, Camarma de Esteruelas, Daganzo de Abajo, Torrejón de Ardoz, Valdemora, Arganda, Ambite, Anchuelo, Bilches o Vilches, Campo Real, Carabaña, Corpa, Los Hueros, Loeches, La Olmeda, Orusco, Perales de Tajuña, Pezuela de las Torres, Querencia, Santorcaz, Los Santos de la Humosa, Tielmes, Torres de la Alameda, Valtierra, Valmores, Valverde de Alcalá, Villar del Olmo, Valdilecha y Villalbilla.
Alrededor de la actual capital de la comunidad, se constituyo un territorio administrativo denominado Tierra de Madrid, el primer germen de la provincia, que se extendía, en sus extremos, hasta los actuales términos municipales de San Sebastián de los Reyes, Cobeña, Las Rozas de Madrid, Rivas-Vaciamadrid, Torrejón de Velasco, Alcorcón, San Fernando de Henares y Griñón.
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