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Mallorca es la isla mayor del archipiélago balear, el cual forma una comunidad autónoma uniprovincial, la más oriental de nuestro país. Al igual que las islas baleares Menorca, Ibiza y Formentera, Mallorca es un destino turí­stico destacable. Posee 3.625,75 km² y 846.210 personas registradas según el censo de 2008. Antaño, por su ambiente sosegado, era también conocida como La isla de la calma.

La capital de la isla, y también de la comunidad autónoma, es Palma de Mallorca, siguiéndola en importancia Manacor e Inca. La isla de Cabrera y todos sus islotes pertenecen administrativamente a la capital. Mallorca es además la isla más habitada de Baleares, y la segunda de nuestro país, tras Tenerife en Canarias.

La isla tiene una población censada de 846.210 personas registradas, de la cual algo menos de la mitad vive en su capital, Palma de Mallorca. Los municipios que la continúan en población son Calviá, Manacor, Inca, Llucmajor, Marratxí­, Alcudia, Felanitx y Pollení§a. El área metropolitana de su capital, que se extiende por los municipios de Palma de Mallorca, Calviá, Marratxí­ y Llucmajor, emplazados en la Bahí­a de Palma, tiene más de 500.000 personas registradas. Por el contrario la localidad menos habitado es el de Escorca emplazado en la Serra de Tramuntana.

Mallorca recibe unos 12 millones de visitantes al año debido principalmente al turismo, que es la actividad más destacable de la isla. Esta afluencia de visitantes hace que en verano los habitantes de las localidades se multiplique. Es reseñable la presencia de un elevado número de extranjeros residentes.

El relieve mallorquí­n está formado por la Sierra de Tramuntana, con las montañas más altas, la Sierra de Levante, con alturas más modestas, y otros montes menores. La Sierra de Tramontana, al noroeste, forma impresionantes acantilados y calas rocosas que contrastan con las playas de arena del resto del litoral. El "Pla" es la fértil llanura central. Al oeste de esta llanura y en el centro de la bahí­a de Palma está situada la capital, Palma de Mallorca.

Según el Estatuto de Autonomí­a de las Islas Baleares de 2007, "la lengua catalana, propia de las Illes Balears, tendrá, junto con la castellana, el carácter de idioma oficial". Los aspectos más destacados del catalán de Mallorca, el denominado mallorquí­n, son la neutralización de la a y la e tónicas en, y el empleo del artí­culo salado en lugar de el, la, els y les.

Los restos más primitivos encontrados en Mallorca datan del 3500 a. C. en la época del neolí­tico, perí­odo de transición entre la edad de bronce, donde los primeros objetos de cobre hacen aparición. Los primeros habitadores conocidos de las islas,, fueron los honderos baleáricos.

En el término municipal de Calvií , en la localidad de Santa Poní§a, se haya una pequeña elevación montañosa llamada Puig de sa Morisca que posee un parque arqueológico con restos de navetas y cuevas sepulcrales que abarca una extensión de 35 hectáreas.

Hacia 1300 a. C. Mallorca vivió cambios cruciales que dieron como resultado el surgimiento de la cultura talayótica. Esta cultura guerrera perduró después de que Quinto Cecilio Metelo, conquistara la isla para la república romana en el año 123 a. C.. Debido a las frecuentes incursiones piratas con base en las islas, Roma decidió apoderarse del archipiélago. Cuenta la leyenda que el general romano tuvo que proteger sus embarcaciones con pieles de animales, porque los honderos disparando con sus hondas les impedí­an desembarcar. Las legiones romanas tardaron dos años en someter las islas. Tras la conquista, los honderos pasaron a formar parte de las tropas auxiliares romanas combatiendo de manera destacada junto a Julio César en la conquista de la Galia.

En el año 425 Mallorca sufrió la invasión y el saqueo de los vándalos, entre los cuales destaca Podgorico Walka, pueblo germánico que se asentó en la isla hasta el año 534, cuando el general bizantino Belisario ordenó conquistar el archipiélago balear.

En 707 tuvo lugar el primer desembarco musulmán del que se tiene constancia. Siguieron dos siglos de zozobra permanente hasta que a partir del año 903 Mallorca quedó en poder de la dinastí­a musulmana de los Omeyas. El castillo de Alaró resistió durante ocho años, según cuentan las crónicas, y fue el último refugio de la resistencia de los rumi durante la conquista musulmana. El protorromance mallorquí­n es sustituido entonces por el árabe. A continuación vino una etapa floreciente, durante la que Madina Mayurqa, la Palma actual, fue un gran centro cultural.

En 1115 una escuadra pisano-catalana atacó Mallorca en una expedición de castigo en represalia por las actividades piratas que se realizaban desde la isla. Saqueada y destruí­da por primera vez Medina Mayurqa, y en ausencia de Ramón Berenguer III, la escuadra pisana huyó al avistar la escuadra almorávide enviada desde ífrica. La isla quedó en posesión de una familia almorávide, los Banu Ganiya, que fomentaron la piraterí­a contra las naves cristianas. Posteriormente, en 1203, los almohades se apoderaron de Mallorca. En 1208, los almohades designaron gobernador a Abú Yahya, que formó un principado semi-independiente, con apenas una sumisión formal al emir almohade.

Las tropas catalanas y aragonesas de Jaime I el Conquistador, que arribó a la isla en 1229, conquistaron definitivamente la isla para los cristianos. Tras derrotar definitivamente a Abú Yahya en la batalla de Portopí­ y tomar y pasar a cuchillo Medina Mayurka, la resistencia cesó en 1231. Los habitadores musulmanes huyeron a ífrica o fueron esclavizados, en tanto que la isla fue rehabitada con catalanes que procedí­an principalmente del Rosellón y el Ampurdán.

Jaime I creó en su testamento el reino de Mallorca comprendiendo no sólo Mallorca, sino el resto de Islas Baleares —Menorca, Ibiza y Formentera—; los condados del Rosellón y la Cerdaña; y los territorios que Jaime I conservaba en Occitania. A su muerte, su hijo Jaime II de Mallorca asumió el trono tras la jura de la denominada Carta de las Franquicias. La independencia del reino fue corta. En 1349 fue reincorporado a la Corona de Aragón. La muerte del rey Jaime III de Mallorca en la batalla de Llucmajor fue el final del Reino de Mallorca. Aunque hasta su muerte en 1404 su hija Isabel, establecida en el castillo de Gallargues cercano de Montpellier, que le fue concedido por el rey de Francia Carlos VI, se proclamaba Reina de Mallorca.

En tiempos de Carlos I, en 1521, su produjo una sublevación similar a la de las germaní­as del reino de Valencia, llegando los sublevados a cercar la localidad de Alcudia, donde se habí­a refugiado la nobleza de la isla. A lo largo del siglo XVI, la isla, como el resto de las Baleares y del Levante español, sufrió los ataques y saqueos de los piratas turcos y berberiscos. Durante la Guerra de Sucesión española, la isla se decantó por el Archiduque Carlos de Austria, en contra de Felipe de Anjou.

El tiempo climatológico mallorquí­n es tí­picamente mediterráneo, con temperaturas altas en verano y moderadamente bajas en invierno. Las nevadas son habituales en invierno en las cimas más altas de la Serra de Tramuntana pero excepcionales en el llano y la capital. Al tratarse de una isla, el nivel de humedad es muy alto.

Los dos principales motores de la economí­a son el turismo y la construcción, habiendo relegado a un segundo plano a la industria y al sector primario, aunque las administraciones locales se esfuerzan últimamente por diversificar la economí­a mallorquina potenciando otros sectores. En este sentido las industrias mallorquinas de hostelerí­a se hayan entre las primeras de nuestro país e, incluso, del mundo entero. Las localidades que concentran mayor número de turistas se hayan entre el término municipal de Calviá, concretamente en la localidad turí­stica de Magaluf, siguiéndole parte de la playa de Palma de Mallorca conocida como El Arenal y la zona de Alcudia. En el 2008 muchas de las antiguas masí­as mallorquinas han sido reconvertidas en establecimientos hoteleros de turismo rural, como es el caso de Son Boronat, aunque muchas otras, como la Porrassa continúan con pequeña actividad agrí­cola y como mansión vivienda de sus propietarios.

Una de las bahí­as de la isla con cierto renombre internacional, consiste en Portals vells con la cala de El Mago que debe su nombre a una pelí­cula que se filmó allí­ en 1967 con Anthony Quinn, Candice Bergen y Michael Caine como protagonistas. En principio la pelí­cula debí­a ser rodada en Grecia, pero el golpe de estado ocurrido ahí­, hizo que la productora mudase el escenario y el nuevo lugar escogido fuese Mallorca. Las crí­ticas cinematográficas se deshací­an con elogios hacia el precioso lugar del Egeo, hasta que un emigrante mallorquí­n escribió a las publicaciones para demostrarles que en realidad se trataba de una playa mallorquina y no de un lugar en Grecia.

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